Política

La faena

junio 21, 2018

Dicen que a algunos el poder total los enloquece y a otros les suceden otras cosas. El hecho de tener un pensamiento absolutista, con alta dosis de egocentrismo poco a poco deteriora la capacidad de empatía social y racionalidad y termina el individuo por caer en la autocomplacencia y el autoengaño, sobre todo cuando se piensa también en la obligatoriedad de los demás para aceptar como verdad absoluta sus propias consignas... Pudiera parecer un exceso plantearlo de esta manera pero esa definición del perfil psicológico del gobernador Yunes Linares tuvo ayer en Perote un episodio revelador del estado de las cosas, que guarda su principal foco de atención que es la campaña gubernamental de su hijo, porque su gestión como mandatario sigue empeñada en perseguir a los duartistas que no le representan interés político o no han aceptado el "vómito negro" como forma de resarcirse con el bilioso gobernante... Durante un evento con motivo del 493 aniversario de la fundación del municipio de Perote, que sirvió de marco para un desfile cívico-militar, Yunes Linares recibió ahí las "atenciones" de los peroteños que de una manera bastante incómoda para quien antaño era bien recibido en esa región, le recordaron con el grito de "¡Pepe!, ¡Pepe!" que su presencia ya no es bienvenida... Fue una especie de reproche al jefe de campaña de Miguel Ángel Yunes Márquez pues es sabido cómo el mismo ex director del Issste no desaprovechaba cualquier oportunidad para expresar públicamente su agradecimiento eterno a la familia Yunes de Perote, dado que en aquellos aciagos años juveniles en que no era el próspero empresario de hoy, fue arropado, impulsado a hacer su carrera política e inclusive ayudado económicamente en la época en que ni siquiera imaginaba poseer la fortuna familiar que espera acrecentar con los cargos políticos que le ha acercado a sus hijos... Y es que al gobernante lo acompaña el sospechosismo de que la traición y la delación hacia sus antiguos aliados, además de la falta de cumplimiento a sus acuerdos contraídos, menudean como forma de hacer política. La lista es extensa y tiene entre los más notables al ex gobernador Hernández Ochoa, Elba Esther Gordillo, Roberto Madrazo, Felipe Calderón, Margarita Zavala y más recientemente a Ricardo Anaya, a quien le ha retirado su apoyo, buscando negociar a cualquier costo la gubernatura para su vástago... Esa historia le ha pasado en más de una ocasión la factura a lo largo de su carrera política pues la actual circunstancia electoral, en la que su hijo va en picada, recuerda inexorablemente a lo que le sucedió en el último tramo del gobierno de Patricio Chirinos, cuando al igual que ahora se encontraba en la plenitud del pinche poder que ejercía, al igual que ahora, con mano dura y altos índices de rencor y deseos de venganza... Fue aquella ocasión cuando le pidió a Chirinos dejar la Secretaría de Gobierno para irse a la dirigencia estatal del PRI y de ahí buscar la postulación al poder Ejecutivo... Con todo y el dinero, el control político, la coacción, amenazas y la ausencia de una oposición estructurada, además de que en esa época el tricolor no tenía el desprestigio ni los negativos que ahora carga, Yunes Linares no sólo sufrió la peor de las derrotas en la contienda municipal, hasta ese entonces, que un dirigente priísta hubiera recibido, sino que se le fue de las manos la oportunidad de ser el candidato del Revolucionario Institucional al gobierno estatal... El fantasma de los ciclos históricos amenaza los planes sucesorios dinásticos de Yunes Linares y le presenta un escenario de gran similitud con el de su némesis, Fidel Herrera, quien empeñado en dejarle la silla gubernamental a su hijo putativo Javier Duarte, hizo que por primera ocasión en la historia de Veracruz, un partido distinto al tricolor ocupara el gobierno del estado, cimentando las enormes dificultades por las que atraviesa ahora el antiguo partido hegemónico... La ambición no es buena consejera, mucho menos cuando está en juego la viabilidad de una institución política como es el PAN que puede perder no sólo la gubernatura sino todas las demás posiciones en juego el primero de julio.