Política

Eclesiales

mayo 25, 2018

El Papa Francisco recién nombró a Sergio Obeso Rivera como Cardenal Emérito de Xalapa. Al parecer el nombramiento se encuentra en el contexto de una lenta vuelta del péndulo iniciada con el dilatado fallecimiento de Juan Pablo II en 2005. Su pontificado tuvo un papel sustantivo en la facilitación de monetización de la economía, el neoliberalismo y el desplazamiento del poder de los gobiernos hacia las corporaciones.

El nombramiento puede entenderse como mucho más que simbólico, o el mero reconocimiento por la dedicación de una vida a la institución. Se alinea con el también reciente nombramiento de Carlos Aguilar Retes como sustituto del jubilado Norberto Rivera

Una vez concretada la caída del muro de Berlín y el desmantelamiento la Unión Soviética, Juan Pablo II emprendió casi literalmente una cruzada para desmantelar o dejar como letra muerta las líneas políticas eclesiásticas del Concilio Vaticano II.

Durante los noventa, el Vaticano emprendió severamente a cambiar la composición del mando clerical mexicano. Envió para eso a Jerónimo Prigione, de quien el entonces cardenal primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, suplicaba al Papa que los sustituyera como nuncio apostólico por arrogante y prepotente dedicado a hacerse de "clientes propios" y "complicando la causa del clero mexicano al comprometerse con grupos de poder y de dinero". El alfil de Jerónimo Prigione en la labor de zapa fue el cardenal Norberto Rivera. Las consecuencias siguen encajando en el país después de más de 30 años. Juan Pablo II nombró a Rivera Carrera y Enésimo Zepeda en dos de las ciudades claves del país, que son la fuente más importante de ingresos al Vaticano. Corripio Ahumada suplicaba a alguien que trajera una agenda clara y contraria. Un largo papado dominado por Sodano, Prigione y Marcial Maciel.

Tal es el contexto de nombramiento de Sergio Obeso. Son de esperarse cambios discretos, nada espectaculares pero sustantivos en la dirección de las decisiones del clero. Cambios que eventualmente podrían apuntar a reversar las políticas y equilibrar el balance de las corrientes en el clero mexicano.

La corriente que promovía una iglesia más autónoma del Vaticano y una conferencia episcopal con más decisión sobre su vida interna no desapareció. Sergio Obeso bien puede ser una de las bisagras sin herrumbre que faciliten la apertura de puertas largo tiempo cerradas.