Política

Espejitos y baratijas a cambio de oro

mayo 19, 2018

La amenaza persistente de que vastas zonas de la entidad se conviertan en páramos asolados por la actividad minera, operada por trasnacionales canadienses principalmente y que cuentan con al menos unos 300 permisos es una realidad que crea condiciones para la movilización de la sociedad ante los evidentes riesgos que dicha actividad representa para la salud de las personas, así como la afectación ambiental.

Mientras que organizaciones ciudadanas e instituciones académicas advierten del peligro, la actitud de las trasnacionales es la descalificación y acusar que se encuentran desinformados, desde una posición en la que contraponen sus argumentos basados en la supuesta inocuidad de la actividad, tal y como sucede con Candelaria Minning, que estaría por iniciar operaciones en la zona próxima a Laguna Verde.

A cambio de que las autoridades municipales y vecinos de la zona de extracción permitan sin mayores alteraciones la extracción del oro, la minera ofrece espejitos y baratijas para tranquilizar a la ciudadanía como son apoyos a las localidades para reparación de caminos, empleos (seguramente mal pagados y en los niveles más bajos del tren productivo) y algunos otros "beneficios", retribución insignificante tanto por el daño ambiental como por las millonarias ganancias que le redituará a la empresa.

En ese sentido, el director del Instituto de Ecología (Inecol), Miguel Rubio Godoy, aseguró que se oponen al desarrollo de proyectos de minería a cielo abierto en el estado, y que no se trata de estar "malinformados" como aseveró el asesor legal de la empresa Candelaria Minning, sino porque tienen una opinión autorizada en el tema. El académico recordó que el Inecol se ha pronunciado en contra de este tipo de proyectos en dos ocasiones; en 2012 y 2017, cuando se intentó reactivar el proyecto de extracción de oro en el Cerro de La Paila.

Añadió que desde entonces, la postura del Instituto no ha variado, pues temen los impactos que puedan tener estas actividades, desde la pérdida de flora, fauna, hasta la contaminación de cuerpos de agua y la pérdida incluso de material arqueológico; junto con la Sedema, la Universidad Veracruzana y otras organizaciones civiles, se estaría gestando un movimiento de rechazo a la actividad minera a cielo abierto en defensa de la riqueza natural, el más preciado bien del cual Veracruz es pródigo y permite a sus habitantes una inmejorable calidad de vida.