Política

Los dos candidatos

mayo 16, 2018

n las citas que tuvo Ricardo Anaya esta semana hubo oportunidad de conocer sus ideas y estilo. Se pudo apreciar el acervo de datos que lo avalaba. Los entrevistadores, todos hábiles y experimentados periodistas, reconocían la agilidad con que Anaya sorteaba las muy bien apuntadas preguntas que le lanzaban. Era un jurado de respeto: René Delgado, Joaquín López Dóriga, Leopoldo Gómez, Denisse Maerkel, Raymundo Riva Palacio y Leo Zuckermann. En el curso del examen, afloraba a veces en ellos la socarrona sonrisa que premia la perspicacia.

Era inevitable la comparación con José Antonio Meade, que noches antes había dado muestras de dominio de sus datos y de cabal aprovechamiento de sus años al frente de varias secretarías de estado. Mientras el candidato del PRI dejó la impresión de ser un administrador técnico de primer orden, pero irremediablemente lastrado por su partido, Anaya dio pruebas de saber sortear cualquier situación que le llegara con exquisita finura y eficacia, respaldado por una sólida y exitosa doctrina social panista. Comparado el uno con el otro, el del Frente sabrá manejar situaciones con astucia y el otro, Meade, con datos.

En último término la diferencia entre ambos contendientes está en el estilo de resolver problemas. El uno, atajarlos con cuidadoso análisis previo, mientras que el otro con su habilidad para salirse de los perfiles del problema y hallar respuestas fuera de él, con imaginación y originalidad.

Del tercer candidato contendiente, apenas hay que hablar. Sumergido en su propia visión de las cosas, espera que todo el mundo las viva como él.

Las entrevistas colectivas que hemos presenciado en la TV han revelado solo una parte de las personalidades que aspiran a gobernarnos. No hemos acabado de conocer sus propuestas pero sí sus actitudes personales frente al reto de ser jefe de gobierno. El olímpico desdén de AMLO ante cuestionamientos importantes lo hace ignorarlos, corresponde puntualmente al sabio conocimiento del pueblo mexicano que él está convencido de poseer. Supone que el público no se fija en los detalles. Ante un mundo nuevo donde el engaño prevalece, AMLO escoge atenerse a percepciones.

Sus dos jóvenes contrincantes, son a su vez, representantes de un México sublimado por la informática moderna. Sus discursos tienen de común que comportan datos más que vivencias. Pero al gran electorado, aquí al igual que en Europa o Estados Unidos, le sobra información. Lo que quiere saber de sus problemas es cómo resolverlos. Ahí está el detalle.

En el siguiente debate, el del 20 de mayo y en el de junio, sabremos más de lo que proponen los dos para las enfermedades sociales de corrupción e inseguridad.

Los realismos de Anaya y de Mead corren canales completamente diferentes al de López Obrador. Los diagnósticos de los primeros dos pueden ser acertados, pero ni uno ni el otro ha experimentado en lo personal los problemas que analizan y recetan. Esto no los descalifica porque la complejidad del mundo actual necesita precisamente lo que ellos aportan: preparación y profesionalidad.

Queda el hueco referente a las relaciones con el país vecino al norte. Cualquier candidato debe proponer cómo convertir nuestra condena geográfica en ventaja para nuestro desarrollo que no solo trata de justicia comercial y migración. Una cosa es la norteamericanización que por razones de vecindad se sufre en todas las clases sociales, y otra es la urgencia de defender nuestra vasta cultura y valores de convivencia contra modos de vivir en las que impera el consumismo comercial más crudo.

Faltan días para saber más de los dos dinámicos candidatos. A los otros solo hay que desearles lo mejor n.