Política

El amigo Pepe Meade

abril 08, 2018

Qué hermosa es la amistad. Ese vínculo de afecto, simpatía y confianza. En función de valores e intereses, de afinidades o inclinaciones, vamos ubicando a aquellas personas con las que nos gusta platicar, convivir y pasar el tiempo. A la familia no se le elige, pero a los amigos sí. Y es por eso, porque los elegimos, como también elegimos nuestras propias ambiciones, que la amistad y la política se llevan muy bien. El asunto es que mientras la primera debe ser franca y desinteresada, la segunda obligatoriamente se remite a la construcción de beneficios y ganancias mutuas. Los cuates y la política, o como comúnmente se le llama en México: la administración pública. Este enfoque resulta útil para analizar la trayectoria de José Antonio Meade, el candidato presidencial priísta más desangelado de los últimos 30 años. El amigo Pepe Meade. Un buen amigo de sus amigos.

Graduado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), semillero por excelencia de la tecnocracia nacional, Meade nunca dudó de su vocación. Estudiar ahí era el primer paso, uno indispensable para labrar una carrera exitosa en el servicio público, particularmente en la Secretaría de Hacienda. Hacer relaciones y méritos es lo que seguía. No fue el destino quien junto a Luis Videgaray y a José Antonio Meade –acaso tal vez los filtros sociales y económicos que en última instancia configuran la fisonomía de una élite–, pero una vez que se conocieron no tardaron en entablar una muy fructífera amistad. Decidieron, a la par de estudiar Economía, cursar la Licenciatura en Derecho por la UNAM. Sobresalir académicamente bien valía el esfuerzo, a sabiendas de que después de los posgrados en Harvard y Yale vendrían las oficinas y despachos de Hacienda, desde donde realmente se maneja el destino del país. Otros de sus amiguitos, como Enrique Ochoa Reza y Armando Ríos Piter, los emularon reverencialmente. En el ITAM conocieron también a Pepe Yunes, un amigo que en el futuro les resultaría muy útil.

Sin embargo, para lograr sus objetivos no bastaba con cumplir abnegadamente la liturgia neoliberal, quemándole incienso al orden económico actual y exhibiendo sus doctorados en Estados Unidos como grados militares de la jerarquía capitalista. En México, según los propios cánones bajo los cuales ellos se rigen, nadie avanza sin la bendición de algún mecenas. Luis Videgaray encontró al suyo en la persona de Pedro Aspe, del cual nunca se ha desvinculado. Meade fue beneficiado por José Ángel Gurría y Agustín Carstens. Aquí, como a lo largo de toda su trayectoria, el amigo Pepe Meade fue favorecido por las amistades, aunque no las suyas, sino las de su papá.

El padre del actual candidato priísta, Dionisio Meade y García de León, como presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados en 1998, fue uno de los creadores del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), el organismo mediante el cual se legalizó el saqueo del Fobaproa. El otro creador del instituto fue el ya mencionado Gurría, quien entonces fungía como secretario de Hacienda en la administración de Ernesto Zedillo. Si a esto le añadimos el apoyo incondicional de Felipe Calderón y el PAN al robo institucionalizado que fue el Fobaproa, no resulta extraño que Pepe Meade haya sido tanto secretario del IPAB, creado por su propio padre, como secretario Energía y secretario de Hacienda con el ex presidente panista. Cuates y política. La administración pública.

Es en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público donde de mejor manera podemos ubicar la genealogía del pacto de impunidad que actualmente le da cohesión al régimen político mexicano. Es ahí donde se cimentan las relaciones de poder al margen de siglas partidistas, articulando complicidades con actores políticos y actores económicos por igual. La camarilla que maneja Hacienda desde 1994 es un grupo transexenal, que transita y se mantiene vigente con presidentes del PRI y del PAN sin distingo alguno. Es también ahí donde Pepe Meade se ha hecho de tantos amigos.

Meade, quien hoy se ostenta como un candidato ciudadano, postulado por el PRI, pero que antes fue secretario de Estado en administraciones panistas, es quien en buena medida personifica el desfalco y el despojo institucionalizado del país por un grupo de amigos. Un buen amigo de aquellos que instrumentan las estafas maestras, de los que desvían los presupuestos de educación y salud a través de empresas fantasmas. Un buen amigo que no pone peros, que ayuda; que es útil. Por eso es que en Los Pinos lo quieren tanto. Por eso es que quieren que sea presidente. El amigo Pepe Meade.

@Gonznave