Política

Yunes y sus tigres de papel

marzo 19, 2018

Nada como un proceso electoral para que nuestros gobernantes exhiban su absoluta falta de decoro. Como escaparate de tienda en fecha de remates, la miseria de quienes gobiernan se anuncia en letras grandes. Les urge venderse, ser comprados. Todo recurso es válido cuando la acción de gobierno se convierte en vendimia verdulera. Al saberse prendas sin valor, optan entonces por señalar la calidad de la mercancía ajena. Si no me vas a comprar a mí, por lo menos no le compres al de la esquina. Ofrecen fayuca, pero a cambio demandan poder e impunidad. En esta rebatinga, el que no grita no vende. Esto lo sabe bien el gobernador Yunes, quien desde ya se asume como vocinglero de feria.

En la inauguración del almacén granelero de Diconsa, la semana pasada en Perote, el litúrgico intercambio de lisonjas entre el presidente y el gobernador en turno adoptó un tono abiertamente penoso, cuando el señor Miguel Ángel Yunes hizo uso de la voz. En un supuesto libre ejercicio de sus facultades, como él mismo aseveró, el gobernador aprovechó la oportunidad para hacer gala de sus usuales fanfarronerías, atacando abiertamente a un candidato presidencial y posicionando a su hijo como el producto de temporada.

El gobernador-candidato procedió entonces a enunciar, con la prepotente pedagogía que lo caracteriza, cómo es que los veracruzanos votaremos el primero de julio. Es decir, por quien sí y por quién no. Así, bragado como le gusta ser, y en constante alusión al tigre del que habló Andrés Manuel López Obrador, el papá del candidato a gobernador, que a su vez es el mandatario en turno, nos recetó a todos una lección de democracia: "(El pueblo de Veracruz) no votará por quien se asume como domador insustituible y amenaza soltar a los tigres si no gana la elección y encerrarse en uno de sus ranchos; tiene varios, para ver cómo los tigres destrozan al país" (sic). Con Yunes, la política siempre es cosa de hombrecitos, por lo que rápidamente señaló a los maestros de la CNTE como tigres de papel, enviados además por el mismo AMLO para armar desmanes. A esos tigres de papel se les domó y enjauló, remató Yunes el ecuánime.

Imposible exigirle un gramo de vergüenza a nuestro gobernador, motivado como está no tanto ya por la ambición como por la franca desesperación. Estos numeritos de cinismo proselitista, sancionables además por la normatividad electoral, son propios de un vendedor frustrado. Uno que a pesar de tener los recursos materiales suficientes para posicionar a su producto de manera ilegal, con cargo al contribuyente, no logra que los posibles compradores se asomen siquiera a los aparadores. El hijo del gobernador es un pésimo candidato, mercancía dañada. Por eso es que Yunes está desesperado, dispuesto a hacer toda clase de ridículos.

Si el artículo o prenda es insuficiente, habrá que ponerle un empaque muy bonito, varios moños y anunciarlo por todas partes. El candidato venía ya con listones azules y amarillos, lo cual no bastaba. Ahora le suman adornos naranjas, cediéndole distritos emblemáticos del PAN al Movimiento Ciudadano, generando de paso una rebelión en su propia militancia. Con este panorama, bajo riesgo de que el producto se quede arrumbado en la estantería, no queda más que promocionarlo en función del miedo: si no me compras a mí, te vas a arrepentir. En esas anda nuestro gobernador.

Irónicamente, es Yunes quien se pelea con tigres de papel. Frustrado porque su hijo es incapaz de llevar una campaña por sí sólo, producto del privilegio como es, siempre a expensas de su padre, el gobernador no se conforma ya con ser jefe de campaña. Ahora quiere asumir también el rol de candidato. Su estrategia de marketing es venderse a sí mismo como el hombre duro que le puede hacer frente a AMLO. No entiende, enceguecido como está, que López Obrador no es el tigre al que tanto debe de temer. Más debería de preocuparse Yunes por los millones de veracruzanos que con indignación y agravio atestiguan su negativa a dar explicaciones por el asesinato, a manos de la policía, de dos niñas en Río Blanco. Ese sí que es un tigre en toda regla. A ver si el primero de julio no le suelta un buen zarpazo en las urnas.