Política

El caso Denise Dresser o cuando el pez por su boca muere

marzo 04, 2018

No tengo el gusto de conocer personalmente a Denise Dresser, tampoco he asistido a alguna de sus presentaciones o ponencias, pero si he leído algunos de sus textos (libros y artículos de opinión) y creo poder afirmar que su pensamiento es cercano al progresismo, con muchos bemoles y a su manera, pero progresismo a fin de cuentas, dado su activismo en pro del aborto y de los derechos de la mujer.

De entre todas las opiniones expresadas por ella, existe una que ha llamado mi atención. Me refiero al artículo "AMLO 1.0". En dicho documento refiere a las dudas que tiene sobre López Obrador con respecto a su congruencia, carácter y compromiso hacia una genuina transformación del país.

De allí que resulte interesante su texto, puesto que la politóloga ha pecado, en muchas ocasiones, de aquello que tanto ve en el señor Obrador; cuestión que, en psicoanálisis, se conocería como un caso de proyección. Dicho mecanismo psíquico consiste en depositar cosas que detestamos de nosotros mismos y que atribuimos a los demás, esto según Freud.

Siguiendo la brecha psicoanalítica, bien podríamos resaltar la posible falta de congruencia, en algunas de sus ideas. Para muestra, recordemos la ocasión en que expuso un comentario fomentando el abstencionismo y unos años más tarde se retractó de ello, argumentando que en aquel momento era factible y después ya no.

Pero no es la primera ocasión. Dresser ha manifestado un profundo rechazo y desdén hacia López obrador, cuestión que es válida dado que vivimos en un país de libre tránsito y elección. Lo que no podría resultar lícito es que critique la congruencia y el supuesto carácter pugilístico de Obrador y actúe de la misma forma de la que se queja.

Siguiendo la senda freudiana, la de la proyección, bien podremos tomar por ejemplo lo ocurrido en la celebración del 25 aniversario de la carrera de ciencias políticas del ITAM, en donde la activista y politóloga tronara los dedos a la senadora Gabriela Cuevas, cuando Dresser fungía como moderadora del panel. Situación por demás penosa que exhibe el mismo carácter intolerante que la académica ve en la figura del tabasqueño.

Su carácter pugilista se agudiza aún más cuando, recurrentemente, pelea y discute con los usuarios de Twitter o con sus múltiples artículos de opinión que denotan este rasgo psicológico. Aunque, después de todo, quizás estas emociones se vean exaltadas dado los gajes de su oficio.

Por otro lado, nos llama la atención que, en el referido artículo, hiciera mención a una frase del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en la que se le invitaba a Obrador a no convertirse en aquello que detestaba; la oración en cuestión era la siguiente: "Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo".

Sin embargo, la cita referida está incompleta, ya que tiene un sentido distinto al expresado, puesto que la frase original reza: "Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti" (Nietzsche, 1972, p.114).

Si tomamos el contexto completo, el aforismo nietzscheano puede incluir a la politóloga, ya que, dada su contemplación hacia Obrador, denota que también estaría invitada a mirar dentro de ella, en su carácter y personalidad.

Y es que, al respecto, Nietzsche se preocupó todo el tiempo por anunciar que el hombre debería superarse a sí mismo y esta transmutación de valores apuntaba a dejar atrás el resentimiento. De hecho, toda la filosofía nietzscheana está atravesada por el repudio hacia esta forma de pesimismo, puesto que el "resentido" está atrapado en su propio odio, condenado a sentirlo una y otra vez.

Recordemos que el pensamiento del filólogo alemán hacía una invitación a los pies ligeros, a la transmutación del espíritu, es decir: pasar del pasivo camello para ir hacia el aguerrido león, hasta llegar al niño, puro, inocente y garante de un nuevo porvenir.

Parece ser que estas alegorías pasaron por alto en el artículo referido, puesto que Dresser aún no ha logrado comprender que las sentencias nietzscheanas son una buena nueva, que deberían anunciar el fin del resentimiento y del nihilismo pasivo; cuestiones que limitan al hombre en su tarea de evolucionar hacia una senda distinta.

Ojalá Denise se anime, algún día, a mirar a su propio abismo o de lo contrario estará atrapada eternamente por esa moral del resentido. Por ello, la invitamos a pensar estas cuestiones, con una sencilla pregunta: ¿Será que el pez por su propia boca muere?