Política

Anaya, Yunes y Meade, inmersos en la corrupción

febrero 28, 2018

No nos espanta, como tampoco nos produce asombro ni había duda alguna, que quienes aspiran o luchan por vivir a costillas del pueblo actuaban de manera abusiva con los recursos que se ponen en sus manos. Lo que sucede es que se confirma lo que a sotto voce aflora con toda normalidad, es decir, somos un país de bandidos y ladrones, además de cínicos contumaces.

Se evidencia que la riqueza que se posee no se puede justificar porque o es producto de actos de corrupción que se engendran en los oscuros negocios, o bien de una defraudación contumaz y descarada al fisco. Y lo uno y lo otro son una práctica criminal que merece una sanción sería y enérgica. Pero sucede que estamos en un país en el que no pasa nada.

Los escándalos recientes, sobre todo el orquestado o bien fundado y sustentado en contra de Ricardo Anaya, no es producto de la casualidad, pues más bien se evidencia que atrás está la mano negra del presidente Peña Nieto, pues no puede admitirse que un encargado de la Procuraduría General de la República pueda permitir, de voluntad propia, que se actúe de esa manera, ya que nada se mueve si no es con la aquiescencia de Los Pinos; y más el caso específico de enfrentarse al candidato de los partidos políticos: PAN, PRD y MC.

Por donde quiera que se le vea, es una canallada lo que se ha preparado contra un candidato presidencial, que solo se ve en las mafias que, llenas de fobia, de odio y rencor, no les importa que se acaben los privilegios, a cambio de la venganza que obnubila. Y en el caso, esta "travesura" del presidente Peña lleva a que la bandera, símbolo de dignidad nacional, en su presencia, sea izada en la forma que se hizo, con los significados que representa este hecho que, por abominable, encierra una clara ofensa y malestar profundo en el dolor que sufre el pueblo mexicano.

Si el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes que vino a ponerle el cascabel al gato al abrir la caja de pandora, y que solo con el escándalo obligó al presidente a que ordenara que se procediera contra el hoy imputado Javier Duarte, en el caso de Chihuahua aún no se materializa, donde, desde el punto de vista de la investigación interior, es de mayor profundidad que la de Veracruz, porque algunos de los integrantes de la campaña de Meade están señalados de transferir recursos para cuestiones electorales en favor del partido de Peña.

Ahora bien, si las denuncias presentadas por el ex dirigente panista Espino, Duarte y el SNTE contra Yunes Linares no avanzan o no se integran, significa que, o se llega a sospechar, que hubo negociación en la cúpula, pues la casualidad no existe. Pero si la perversidad de que en cualquier momento pueda saltar la libre y veamos que, en la oportunidad que dan las circunstancias, se actúe igual como acontece con el candidato presidencial Anaya, o bien en contra su hijo, hoy su candidato a gobernador, a quien se señala por la Auditoría Superior de la Federación de un manejo no adecuado de cientos de millones de pesos, es decir, en la vida pública hay que ser y parecer.

Lo mismo se puede observar con José Antonio Meade quien en su condición de secretario de Hacienda o de Sedesol se le ha señalado que incurrió en deshonestidades. Sin embargo, la eficiente Procuraduría General de la República guarda el más sepulcral silencio contra el candidato del presidente Peña, es decir, la justicia selectiva y privilegiada premia la sumisión no la valentía de quienes denuncian. En síntesis, se vive en un ambiente de complicidades.

Por otro lado, se escandaliza y con profundidad, cuando un partido como Morena postula como candidato al senado a un perseguido político como Napoleón Gómez Urrutia que, si bien no creo que sea una perita en dulce, bien vale la pena que venga para que se sepa por qué Fox y Calderón nada hicieron por rescatar a los mineros de Pasta de Conchos ante el homicidio industrial de Germán Larrea.

Asombra el cinismo del vocero de Meade, Javier Lozano (aquel secretario del trabajo de Calderón que entregó a guardar cientos de miles de dólares a un chino a quien le dijo: "Copelas o cuello"), cuando afirma que si no tienen nada que temer Anaya y Gómez Urrutia, que se presenten en la procuraduría, como si no se conociera en este país cómo actúan las autoridades, pues no en vano están las cárceles llenas de inocentes. Es estupidez, buena fe o ignorancia del vocero del candidato de Peña Nieto. Ni lo uno ni lo otro, es perversidad lisa y llana.