Política

Las lianas del poder

febrero 27, 2018

Ya se ha escrito y dicho mucho de los abusos de la clase política instalada en el poder. Más que dedicarse a solucionar los problemas básicos de la nación, se preocupan por asegurarse en sus puestos y prepararse para ocupar otro. La designación que los partidos están haciendo en estos días de sus candidatos a legisladores es la prueba más reciente de su desatención a las acuciantes necesidades populares. Por una parte, los mismos grupos que han estado en las cámaras se afianzan para ocupar otros creando una élite que bloquea el acceso a la función legisladora a figuras jóvenes con el dinamismo de nuevas ideas. Es notoria la repetición de nombres en las listas para diputados y senadores plurinominales.

El tema de la reelección viene al caso. El anticuado principio de la "no reelección" existe para proteger a la nación contra los que se adueñarían de un cargo público para propio beneficio. Ahora, sin embargo, un buen número de individuos se hicieron expertos en disfrutar de una curul o escaño para, a su vencimiento, aspirar con éxito al otro cargo en la siguiente legislatura, estatal o federal. Es sorprendente la agilidad con que se aprovechan de las lianas con que se han tejido redes que comunican una oportunidad con otras. La fórmula plurinominal ha resultado extraordinariamente útil al facilitar cierta especialización que hacía falta para dar continuidad a la experiencia acumulada por los parlamentarios, por otra parte, induce la permanencia que precisamente se quería evitar. Mantener una abierta accesibilidad a la actividad política para los jóvenes es un asunto que también encontrar el equilibrio indispensable.

La experiencia en otros países es interesante. En los Estados Unidos y en Europa la reelección de elección popular es usual. Abundan los casos de permanencia en una curul, escaño, alcaldía, gubernatura y demás cargos por décadas enteras. Pero las elecciones operan razonablemente bien y la ciudadanía percibe suficiente oportunidad de prolongar o recortar la función de acuerdo con la apreciación del desempeño que se tenga de los representados. La reelección no tiene problema y es, en esas democracias, un instrumento a la disposición tanto de los partidos como del electorado. Caso distinto es el mexicano donde somos expertos en hilar un cargo con otro valiéndonos de redes de todo tipo.

En ningún caso, empero, la ciudadanía no debe perder el control sobre quienes han de representarla desde el congreso, la gubernatura o la presidencia municipal. La preparación del votante para su suprema responsabilidad electoral es la tarea que desde hace años ha trabajado el PAN al lado de grupos cívicos. El próximo primero de julio habremos de saber en qué medida hayamos madurado y sabido discernir entre partidos y candidatos que luchan por ganar el voto popular.

Pero tratándose de candidatos, emergen propuestas de individuos de repugnantes antecedentes personales que infligen un severo daño a la fe que los votantes aspiramos tener en la democracia.

Llevar a un cargo público un individuo notoriamente inepto o de antecedentes oscuros, como Napoleón Gómez Urrutia, es una cruel burla a la sociedad y también a la democracia. La mera noticia de que ese sujeto, prófugo de la justicia, pueda llegar a senador, ha dejado atónita a la ciudadanía. La posibilidad de que este sujeto que vive en Canadá evitando ser detenido por la justicia mexicana por las acusaciones que pesan sobre él entre las cuales está el robo de 55 millones de dólares a su propio sindicato, es una vergüenza que solo encuentra compañía en la penosa calificación que agencias internacionales nos han asignado como país donde prevalece la corrupción, la violencia, la inseguridad y la impunidad.

Las elecciones de 2018 se presentan más trascendentales que nunca. La complejidad de los problemas, los intereses económicos exigentes, la creciente importancia de México como actor internacional, hace que la ciudadanía tenga más responsabilidades que antes que le impiden hundirse en la decepción por lo no alcanzado.

Es el momento ahora en el inexplicable interludio de estos días, de exigir a los candidatos ante todo honestidad y transparencia en su desempeño en los cargos a los que aspiran. A este respecto, todos deben firmar una declaración nítida y clara ante la ciudadanía.

juliofelipefaesler@yahoo.com