Política

ECP*

febrero 04, 2018

◗ Panismos

Al poco tiempo del triunfo de MYL fueron detenidos y puestos en la cárcel varios ex funcionarios de la administración de Javier Duarte; el propio ex gobernador está preso en el reclusorio norte. Presumiblemente con comodidad.

Para el sistema de complicidades que sustituyó al viejo régimen político, ninguna de las detenciones ha significado mayor cosa que la de perder un poco de cara y confirmar la existencia del pacto informal de complicidad e impunidad que ahoga al país. La cobertura dada por los medios al caso ha servido incluso de plataforma discursiva para que el priísta José Antonio Meade se duela y diga traicionado, como priísta habrá que suponer, en el prestigio. Al ex gobernador veracruzano hay quienes lo consideran como el corrupto por antonomasia. Es discutible, aunque no necesariamente impreciso.

Con el encarcelamiento del ex mandatario y varios de sus ex colaboradores de primera línea, el sistema permaneció impertérrito.

No es el caso de Javier Corral. El caso Chihuahua desnuda parte sustantiva del método de corrupción, del acuerdo de complicidades para mantenerse al frente de los procesos de toma de decisiones. Método que, por lo demás, tiene sus ramificaciones internacionales importantes. En España con OHL y en Brasil con Odebrecht. Faltan otras empresas corporativas que con el tiempo habrán de revelarse con precisión pero que es sencillo suponer que se benefician de la permanencia de esta clase de priístas en el poder. Notoriamente las empresas petroleras y ferrocarrileras norteamericanas.

Al desembrollarse un poco lo orquestado por el PRI en Chihuahua, lo suficiente para poner al gobierno y al sistema a parir chayotes, se hacen evidentes las cortedades de las investigaciones realizadas sobre la corrupción de otros gobernadores que, evidentemente, participaban en el método. La corrupción en Veracruz va mucho más allá de la venalidad de un gobernador y sus colaboradores cercanos. Lo mismo pasa con Roberto Borge.

La exposición del caso Chihuahua hace evidentes las brutales diferencias posibles en el panismo, y por ello no es casual que dos panistas referenciales hayan tomado la decisión de dar la espalda a su partido de origen y sumarse a la opción anti sistémica, léase anticorrupción, que representa López obrador: Tatiana Clouthier y Gabriela Cuevas.

Ninguno de los dos casos es menor; por el contrario, tienen un significado profundo.

Gabriela Cuevas deja más de 20 años de militancia después de haber sido diputada local y federal, senadora, y delegada en la Ciudad de México, entre otras cosas. La suma tanto de Tantiana Clouthier como de Gabriela Cuevas a la causa abanderada por López Obrador es un terremoto mayúsculo. No tanto para la derecha ideológica, sino para el sistema de corrupción en la que convirtieron al sistema de convivencia nacional. Es un indicador, también muy importante, de la esencia centro-republicana de López Obrador, que es capaz de convocar tanto a izquierdas de diversa intensidad, hasta derechas incuestionables y activas de larga carrera.

El desasosiego priísta es evidente. Lo revela la creación al vapor de una "fiscalía anticorrupción" con la más que probable intención de atraer el caso y escamotear la investigación de los desvíos para el financiamiento a campañas del gobierno de César Duarte y quitarle de las manos al preso ex senador Alejandro Gutiérrez Gutiérrez. Maniobra rústica que hace evidentes no sólo la preocupación de los personeros del sistema, sino el nivel de improvisación al que han llegado al tratar de armar un caso de eventual tortura en un juicio que es público. Se crea una fiscalía especializada anticorrupción cuando se ha sido deliberadamente incapaz proponer a un fiscal independiente.

No puede haber duda de la intención del gobierno, sus cómplices y secuaces de volver a trampear la voluntad de la ciudadanía. Tampoco cabe la duda del proceso de desmoronamiento del sistema fraudulento; pero la estafa es notoria, pero como está basado en el dinero y en la explotación de la crisis de precariedad de la mayoría del electorado, mantienen la confianza en poder manipular los resultados. Es por eso que la votación debe ser masiva y no hay opciones. Sólo una. Cualquiera otra significa la conservación del sistema y la ruina del país. Sin exageraciones dramáticas.

No es un problema ideológico. Es asunto patriótico.

Es, también, la diferencia entre cómo se procesa las cosas en Veracruz y en Chihuahua. Que no es poca cosa a la hora de tomar decisiones frente a la boleta electoral.

*Es Cosa Pública

leopoldogavitonanson@gmail.com