Política

La época confusa

febrero 01, 2018

El gran proceso electoral de 2018 anuncia mucha confusión por las inseguridades que nos persiguen y por las interrogantes que se ciernen sobre más de 3 mil cargos de la administración pública, pero más que otra cosa, por la preocupación sobre en quien recaerá la Presidencia de la República.

En un país donde la población mide su vida personal por sexenios, la lotería política es donde hierven las incógnitas que los precandidatos y sus escurridizos partidos llevan al escenario nacional.

Un intento por traspasar la niebla generada por la publicidad y los mensajes de las redes ciudadanas que todo invaden, será tratar de encontrar los propósitos y fines ulteriores que motivan a los contendientes.

Habría que detectar si los discursos de los precandidatos coinciden, o al menos se relacionan con las plataformas de los partidos que los postulan. Será interesante observar si en una alianza de dos o tres partidos se suman convicciones o si las declaraciones de sus varios candidatos se enfilan por un muy estrecho corredor obligado por escasas coincidencias.

Hay temas como los relativos a la pobreza del pueblo mexicano, los amagos a su seguridad o el de la interminable letanía de corrupciones que se han instalado en todas las facetas de la vida nacional.

El problema es para las coaliciones de partidos que sí poseen una doctrina definida. El que quiera cernir las verdaderas intenciones de los partidos o aún más, las de los precandidatos podría encontrarse en una ciénaga de incongruencias.

Las consecuencias de las frecuentes inconsistencias son evidentes. Antes el elector se acercaba a la caseta electoral con un buen nivel de claridad mental. Había que votar por el partido del gobierno o por el candidato de la oposición. Así de simple.

Hoy día no es así. Al no haber nitidez ni en la de los precandidatos, ni mucho menos en los partidos políticos que los lanzan al estrellato mediático de las campañas, los mensajes no pasan de las acusaciones recíprocas y de lugares comunes. Las confusiones van en aumento y la posibilidad de exigencia postelectoral del ciudadano desvanece.

Aquí y ahora, se escurre la respuesta en la indefinición del que llega al poder buscando desde el primer momento el refugio de su jefe para eludir cualquier responsabilidad.

Tampoco hay linderos para definir posiciones que sirvan de referencia. La increíble flexibilidad con que se manejan las conveniencias y los intereses personales abrigándose bajo membretes sin contenido, es otro signo de los tiempos en esta la temporada electoral.

En qué condiciones y con qué ánimo llegará el votante a ese domingo electoral después de cinco meses de asedio por la televisión la radio, la prensa y las redes sociales, transmitiendo noticias reales o falsas, rebozantes de propuestas, slogans, cancioncitas, entrevistas de banqueta, mesas redondas, denuncias henchidas de acusaciones imprecisas, loas exageradas con sentencias y alardes diseñados para arrastrar al elector a la mampara para que tras de ella deposite su voto.

Una alianza de dos o tres partidos podría intentar sumar las convicciones de sus integrantes, ciñendo y limitando las declaraciones de sus varios candidatos a un muy estrecho corredor de comunicación.

El torbellino sumado de las campañas habrá aumentado la amplitud de la confusión mediática que sin duda provocará que el receptor de tanta algarabía se cierre, fastidiado, impedido de llegar tranquila y sensatamente a una definición racional sobre el mejor candidato, lamentando el terrible dispendio de recursos que la ley requiere y que el electorado costea y critica.

Por ahora, a fines de febrero, es prematuro juzgar la marcha de las campañas, sean de los precandidatos listados en partidos o las de los independientes. Ninguno ha pasado de la etapa de pronunciamientos previos, promesas propias o descalificaciones de sus contrarios. Sin embargo, ya debieran distinguirse, al menos en grandes trazos, los rasgos generales de los respectivos planes de gobierno.

Los cinco meses que faltan deben ser aprovechados por cada candidato para ofrecer al electorado sus visiones del país y del mundo. Así se limpiaría la pantalla de tanta confusión que se respira este año.

El elector debe poder llegar a la urna convencido de su preferencia y reflejarla con valentía en su boleta.

juliofelipefaesler@yahoo.com