Política

Estadísticas frente a la realidad cruda

enero 30, 2018

Previsible, la comparecencia ayer en el congreso local del fiscal Winckler tuvo como ejes referenciales la inocultable violencia continuada en el estado y, faltaba más, las acciones penales emprendidas por el gobierno con contra de personeros del gobierno anterior. No tanto respecto al ex gobernador Javier Duarte, toda vez que su encarcelamiento obedece a las acciones del gobierno federal.

Las cifras macabras brotan desordenadas y atropelladas en borbollón. Casi 350 fosas clandestinas en poco más de 100 localizaciones en el estado. Cuerpos identificados, cuerpos por identificar, saturación de la capacidad de almacenamiento forense, convertidos en estadística contable a ver si se atempera un poco el horror imparable en el estado pese al alegre ofrecimiento de campaña. ¿Seis meses a partir de cuándo?

La estadística fúnebre fue interrumpida por la intervención del ex candidato de Morena a la presidencia municipal de Chicontepec, Gonzalo Vicencio Flores, que voz en cuello exigía a Winckler se aceleraran las investigaciones del secuestro que sufrió junio pasado en la elección municipal, y a cuya autoría intelectual le puso nombre y apellido: el diputado verde ecologista Francisco Martínez Neri.

Hace siete meses, el candidato de Morena a la presidencia municipal de Chicontepec fue localizado golpeado y ensangrentado, pero con vida, en una comunidad cercana. Había sido interceptado para secuestrarlo mientras viajaba con su esposa y otros acompañantes luego de haber votado.

Al interrumpir el informe estadístico del fiscal del estado, el resto de los diputados panistas revelaron la materia de la que están hechos. A fuerza de voz en alto, Gonzalo Vivencio Flores denunciaba su secuestro y el estancamiento –o franca inexistencia– de investigaciones y consecuente impunidad. Personal de seguridad de la cámara, presto, se dispuso a acallar la voz terrupta y alguna panista que en su momento también fue víctima de arbitrariedad y encarcelada, se acercó al quejoso con un generoso despliegue de argumentaciones burocrático procedimentales.

El sufrimiento de las víctimas y de la población es una mera abstracción desde la cómoda amplitud de una curul. Por enésima ocasión los diputados, salvo una excepción, se muestran distantes e indiferentes de quienes dicen representar. Representan nada excepto al interés propio y el de su fracción parlamentaria.

Rotunda decadencia de un sistema que hace mucho dejó de ser político. Y si no escuchan, ¿qué sigue?