Política

Precisiones

enero 16, 2018

Convergen desde distintos puntos informaciones diversas que exhiben sin miramiento la profundidad de la crisis de institucionalidad. Por un lado, la Comisión Nacional de Derechos Humanos denuncia que el Instituto Nacional de Migración trata a los migrantes centroamericanos en tránsito como delincuentes. Por su parte, la FGE acepta que sabía de la existencia y operación de la banda masacrada Los Tiliches pero que no los habían detenido por falta de elementos; lo que en el mejor de los casos debe leerse como que estaban armando el caso con los requisitos del nuevo sistema acusatorio. Al diputado panista Sebastián Reyes Arellano le parece que los medios de comunicación magnifican la inseguridad, como si eso fuera posible o como si la realidad cruda necesitara vejigas para nadar. Para rematar, un delegado federal en el estado pide no mezclar elecciones con la inseguridad porque se corre el riesgo de "debilitar las instituciones".

México vive una crisis institucional severa desde hace más de 200 años; la debilidad de las instituciones mexicanas es de origen por la forma en que fueron históricamente configuradas. En principio porque ni en la Independencia ni en la Revolución ni después de la institucionalización del acuerdo corporativo PNR/PRI las instituciones y su encaje fueron producto del consenso de los actores sino de la imposición de la facción más fuerte. En la historia del país, el mejor momento institucional fue con Juárez luego de la intervención francesa. Incluso en la Reforma. De ahí en adelante siempre ha sido la imposición de la facción vencedora. Parte importante de la debilidad institucional deriva del desacuerdo en resistencia de las facciones vencidas. Un mucho en la lógica colonial del acátese pero no se cumpla.

Se sugiere no mezclar oferta electoral con el tema de inseguridad porque al hablar de la realidad se debilita a las instituciones.

Es impreciso. Por decir lo menos. El tema inseguridad es sustantivo en la articulación de las ofertas políticas de campaña por el hecho simple de que es un tema central y definitorio de las ocupaciones y preocupaciones del respetable. Es evidente que no puede ni debe ser obviado porque al hacerlo se mentiría. La crítica natural derivada de la inseguridad crónica no debilita la institucionalidad, sino lo contrario. Lo que debilita la institucionalidad es el silencio frente a los problemas que laceran la convivencia social, la vida en comunidad.

México está en la peor crisis institucional de su historia. Nunca como ahora los acuerdos sociales, las reglas del juego –que eso son las instituciones– han sido tan rotundamente letra muerta. En buena medida eso obedece a la explosión corrupta que ha sido el sexenio, pero sobre todo obedece a que las élites de los procesos de toma de decisiones se han amafiado en un pacto de solapamiento e impunidad, pacto que se viste del cascarón y discurso institucional pero o sustituye con complicidades e impunidad.