Política

ECP*

diciembre 13, 2017

Veracruz es huésped de dos de las empresas multinacionales más nocivas del mundo; la suiza Nestlé y la norteamericana Coca-Cola. Ambas en Coatepec por un recurso invaluable que apenas les cuesta: el agua. Además por un insumo sustantivo para la elaboración de sus productos: el café.

La región veracruzana, al igual que Los Altos de Chiapas, se ha visto afectada desde hace muchos años por la promoción que hacen ambas empresas de variedades de café mucho más baratas y de calidad inferior. Incuso, han inducido a funcionarios mexicanos a promocionar el café robusta en vez del café arábiga. Sagarpa, influenciable, se deja convencer.

En años recientes, las cosas han emporado por la expansión del café vietnamita, inferior incluso al robusta. Los gobiernos mexicanos, a diferencia de Colombia, han permitido e incluso propiciado la degradación de la producción y, con ello, los productores mexicanos perdieron desde hace muchos años el mercado europeo frente a los colombianos.

Más allá de la influencia nociva de estas empresas en la ingesta nacional –pueblos originales enteros en Chiapas beben Coca Cola y no agua–, con la permisividad de autoridades estultas o venales, o la muy probable combinación de ambas, han logrado no sólo apropiarse de recursos naturales vitales, sino que promueven a idea de que tales recursos no tienen por qué ser de interés público sino privado. Esto es, no administradas por los gobiernos locales, sino por empresas privadas. Idea que desde finales de los años 80 consistentemente ha demostrado ser radicalmente equivocada en todo el mundo.

La empresa Nestlé, cuyo ex CEO Peter Brabeck-Letmathe, sostiene que el agua no tiene que ser un derecho público, lo que supone que se tiene derecho al agua por el sólo hecho de ser humano, sino que debe ser un producto alimenticio como cualquier otro y, como tal, tener un valor comercial. Dicho de otro modo, un bien privado determinado por la demanda del mercado y con el cual se puede lucrar a costa del imperativo de estar hidratados.

La revista de negocios norteamericana Bloomberg documentó hace poco que Nestlé gana miles de millones de dólares embotellando agua por la que paga casi nada. Nestlé se ha hecho del control dominante del mercado del agua embotellada dirigiéndose a áreas económicamente deprimidas en todo el mundo con leyes laxas respecto del uso y aprovechamiento del agua. Un negocio mundial que impacta directamente en la calidad de vida y bienestar de los veracruzanos. No necesariamente para bien.

El valor del mercado de agua embotellada en el mundo supera 22 mil millones de dólares; se envasan y venden unos 113 mil millones de litros de agua. La Unesco sostiene que un litro de agua embotellada cuesta, en promedio, mil veces más que un litro de agua potable recibida del grifo. Grosso modo, 90 por ciento del costo de producción obedece al envase, la tapa y la etiqueta.

En México se llegan a comprar hasta dos o tres botellas diarias en un mercado donde circulan aproximadamente 3 mil marcas en el sector comercial.

De este universo, sólo cuatro de ellas pertenecen a grandes corporaciones y controlan la extracción, el envasado, la distribución y la venta de agua en el país.

En orden de importancia: Danone, a través de Bonafont, que posee 39.4 por ciento de participación; seguida por Ciel, de Coca-Cola, con 25.4 por ciento. La siguiente posición es Electropura, de PepsiCo, con 17.2 por ciento y con 19 por ciento se ubica Nestlé, con Santa María, Nestlé Pure Life y Pureza Vital.

Se ha dicho que México impulsa la producción de café robusta porque quiere convertirse en uno de los mayores productores de café instantáneo, a contrapelo de los productores que prefieren la calidad y se duelen del café a bajo precio. La presencia de Nestlé y Coca-Cola, independientemente del fantoche de las fuentes de empleo, erosiona los ingresos de los productores y la calidad de vida de los habitantes.

CNN reportó desde hace años la asociación del gobierno mexicano con Nestlé para dar a los agricultores variedades mejoradas de café robusta y reducir las importaciones anuales cercanas a los 450 mil sacos de 60 kilogramos, lo que arruina cualquier posibilidad de colocar el café mexicano en mercados que exigen calidad, como sí lo ha hecho Colombia. La última ofensiva de Nestlé contra el café de calidad empezó en 2010. Esto sólo es posible por la traidora asociación entre la transnacional y los gobiernos mexicanos.

Para ilustrar la naturaleza de la empresa suiza: en octubre pasado Nestlé interpuso una demanda legal contra los habitantes de Osceola Township, Michigan, población de menos de 2 mil habitantes, por defender sus manantiales e impedir que la multinacional extraiga más agua de ellos. Los habitantes negaron el permiso a Nestlé para extraer 400 galones por minuto (poco más de mil 800 litros de agua p/m), así que la empresa con sus multimillonarios recursos demandó a la población.

*Es Cosa Pública

leopoldogavitonanson@gmail.com