Política

De la sucesión a lo sucesorio en un par de años

diciembre 07, 2017

El sistema mexicano está esencialmente determinado por el uso patrimonialista del poder. Esto, tanto para efectos de apropiación de los recursos públicos por la plutocracia oligárquica eufemísticamente llamada clase política y la burocracia de ahora en la que se sustenta y a la que beneficia; como para efectos de apropiación del poder para la consecución del establecimiento de continuidades dinásticas. Es la historia del país.

Esto es posible por una combinación de variables que pueden resumirse en una categoría analítica, debilidad institucional. Un factor letal que puede ahijar multitud de distorsiones y manipulaciones distintas. Desde la aprobación por una mayoría infame de diputados que aprobaron contra todo sentido y sanidad comunes ley de seguridad pública que habilita al Ejército como fuerza policial nacional, hasta ambición de sucesión dinástica en el estado.

Miguel Ángel Yunes Márquez da franco inicio a su deseo por suceder a su padre en la gubernatura veracruzana.

¿Son censurables las ambiciones de Yunes Márquez para gobernar el estado? Desde luego que no. Si el hombre quiere gobernar tiene derecho a aspirar y moverse con ese sentido. Lo que no es correcto por el eje del sentido de la sucesión democrática, es que el presidente municipal de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, conocido por hijo del gobernador del estado, aspire a sucederlo inmediatamente después de que su padre concluya el mandato que se le ha convertido.

No es difícil visualizar las implicaciones. El actual presidente municipal no sólo tendría el apoyo de su partido en el poder sino que un familiar directo suyo, su padre, será gobernador durante el tiempo de campaña. Suponer que tal cercanía familiar no afectará deformando el proceso político es del todo estulto. Al interés político se suman el interés y los afectos familiares, que a su vez determinan en buena medida el uso de los recursos públicos, no tanto para atender los problemas y rezagos de interés público como para resolver los imperativos y necesidades de la difusión de una plataforma política determinada por la innegable influencia del interés familiar político. Dinástico, lo describe con precisión.

Veracruz nunca ha conocido la democracia en su historia, conoce la alternancia que es distinto, y esta alternancia no se ha significado en absoluto por ser democrática.

Parece clara la naturaleza y compulsiones de la clase política veracruzana: profundamente antidemocráticas. La intención puede valorarse desde puntos de vista distintos. Uno es el sustantivo. ¿Realmente los veracruzanos aspiramos a ser dueños de nuestro destino y ser partícipes de las definiciones y decisiones de políticas públicas? O el hartazgo de por un cleptócrata obeso y su cáfila de sátrapas asociados ha dado la vuelta completa al círculo al punto de hacer tolerables las ambiciones dinásticas de una familia. El problema no es la ambición por el poder, el problema de la disposición antidemocrática de obviar incluso el pudor en una sucesión familiar directa que barrunta nepotismo a secas.