Política

El ingreso básico y la realidad política

diciembre 05, 2017

La Comisión Económica Para América Latina (Cepal) ha puesto en la mesa la propuesta de un ingreso básico que se distribuiría a todos los habitantes del país como una percepción individual, independientemente de la edad o condición personal. El concepto de otorgarle a cada habitante de un país una especie de salario permanente se deriva de la necesidad de vencer los altos índices de pobreza que aquejan a las sociedades actuales pese a los aumentos en el crecimiento de la economía.

El tema es de mucha actualidad. La pobreza aumenta en todo el mundo. La brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado alarmantemente arrasando metas de justicia social. En México, las cifras oficiales informan de la terca persistencia de los sectores estancados abajo de la línea de pobreza. La caída en el nivel de vida de las mayorías se acompaña de estadísticas que precisan lo reducido del número de personas que concentran la riqueza nacional. El 1% de la población mexicana dispone del equivalente al total de toda la riqueza distribuida entre los demás. Nuestro caso está lejos de ser el único. Los países europeos y Estados Unidos exhiben la misma inequitativa situación.

El combate a la pobreza simplemente dicho no es el fondo del propósito que respalda la propuesta de darla a cada individuo un ingreso personal, sea o no que ya cuente con ingresos por concepto de salarios, remuneraciones o pensión. El principio igualador de la propuesta pone a todos en un mismo plano. No importa el destino que cada uno dé al dinero que reciba. Al recibirlo el rico, la colectividad se beneficia con el aumento en consumo, lo que refuerza las energías del mercado. El pobre que lo obtiene accede a su verdadera libertad.

De igual importancia es el efecto de darle poder económico al que por cualquiera razón carece de él. Es el caso del desempleado, el que no puede romper la herradura de su miseria por falta de educación o preparación o por formar parte de una familia de la que jamás ha recibido dinero. Todos ellos se encuentran en una posición de inferioridad social.

Uno de los argumentos más poderosos en favor del ingreso básico es que constituye una puerta segura para darle personalidad efectiva al individuo que de otra manera no tiene posibilidad alguna de hacer valer sus derechos. La realidad de millones de personas que no tienen independencia real por falta de una mínima capacidad económica está a la raíz de las inquietudes sociales que luego se transforman en acciones destructivas.

El ingreso básico equivale a dotar al individuo de la capacidad para ordenar y realizar su propia vida contribuyendo al bienestar general, dejando de ser una carga que requiere una variedad de programas asistenciales que gravan los presupuestos nacionales. El ingreso básico, concebido como un derecho desde el nacimiento, a diferencia de los beneficios establecidos en los programas sociales conocidos, debe ser universal y no constreñido a ciertos grupos. El ingreso básico, empero, puede tener diversos niveles según se trate de jóvenes o adultos, o bien habitantes de una región necesitada o deprimida. Debe ser pagado en efectivo y en forma regular en vez de una sola vez.

México ya conoce una variante del ingreso básico en el pago que se da en la Ciudad de México a los adultos mayores. Instituido hace varios años, indistintamente a hombres y mujeres, y que forma parte importante de las economías de millones de beneficiados. Un programa nacional de ingreso básico sería una extensión de lo que ya funciona con patentes beneficios.

Hay objeciones al ingreso básico que provienen de diversos analistas. Independientemente de la filosofía que lo sustenta, la primera que se presenta es la de su costo. La respuesta inmediata está en que, a la postre, es más barato en términos administrativos distribuir un ingreso básico a toda la población que controlar la operación de una variedad de programas de asistencia y promoción social que con frecuencia inhiben sus propios objetivos de rescatar el potencial humano para ubicar al individuo en la posición que merece en la sociedad.

La propuesta de un ingreso básico para México no tiene un futuro fácil. En primer lugar, el propuesto candidato del PRI para presidente de la República expresó ayer en entrevista por radio que no cree en las virtudes del mencionado pago universal. No sorprende su posición dados sus antecedentes hacendarios. Es una muestra más de que la reformulación de nuestra sociedad hacia nuevos parámetros es una tarea lejana.