Política

¿Seguridad? ¿De quién?

diciembre 03, 2017

Uno, la Ley de Seguridad Interior que acuerpa el uso del Ejército para tareas de seguridad pública es una aberración que ha sido ya criticada por las Naciones Unidas y la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Fue aprobada con el voto fragmentado del panismo, del priísmo y la infame fauna de acompañamiento de partidos satelitales al PRI. Pese a la fragmentación, la ley fue aprobada íntegramente.

Ciento quince legisladores votaron contra el dictamen. 39 de Movimiento Regeneración Nacional, 39 del PRD, 17 panistas, 17 del Movimiento Ciudadano, dos de Encuentro Social y uno independiente. 48 panistas prefirieron abstenerse. Pusilánimes, también prefirieron no hacer uso de la palabra para explicar y justificar su falta de definición en algo tan evidentemente aberrante.

Había otras proposiciones de ley que el priísmo evitó que se discutieran y sin más fueron rechazadas. Así, tenemos una legislación que detalla el papel de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública. El colmo del cretinismo, porque no sólo regulariza y justifica el papel de instituciones que no están preparadas para eso, sino que omite las evidentes distorsiones y abusos que los instituto armados han cometido. Tlatlaya y el reciente intento de secuestro de un empresario por miembros de la Marina Armada en la Ciudad de México son apenas dos ejemplos de lo que es probable

La ley dice que se deberán siempre preservar los derechos humanos y sus garantías, pero dice también que por actos de perturbación grave de la paz pública que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto podría haber la suspensión de derechos.

Con la aprobación de esta ley, el gobierno y la mayor parte de la clase política del país abjuran de su obligación de hacer tales tareas y reparar las instituciones y personal que se encargará de hacerlo.

Toda decisión en esas materias precisan de una discusión mucho más incluyente y reflexiva, no esto que se ha aprobado. La actual clase política y los gobernantes no sólo han metido a México en una guerra interna desproporcionadamente macabra, sino que ahora también crean las condiciones para intervenir militarmente en la convivencia social cotidiana.