Política

Autonomía universitaria: ¿autonomía financiera?

diciembre 02, 2017

Un proyecto sólido para impulsar la mejora de las tareas sustantivas en las universidades no sería exitoso sin tener un rasgo incuestionable: la autonomía. Sabemos que la historia de las universidades en el mundo está marcada por la búsqueda de este atributo, el cual permite a las instituciones de educación superior mantenerse ajenas a injerencias eclesiásticas, civiles o políticas. La autonomía en el ámbito universitario significa tener formas propias de autogobierno que permitan el diseño e implementación de gestiones para garantizar la mejora de la educación, de las tareas de investigación y la vinculación con la sociedad.

La autonomía es un hecho al que la Universidad Veracruzana no se mantuvo ajena. Creada en 1944 como una dependencia del gobierno estatal, obtuvo su autonomía bajo el decreto publicado en la Gaceta Oficial del Estado el 30 de noviembre de 1996. En ese compromiso quedó de manifiesto que la UV seguirá su historia como una institución autónoma, con la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí misma para realizar sus funciones sustantivas de docencia, investigación, difusión y extensión, con el consecuente respeto a la libertad de cátedra, investigación, evaluación y discusión de ideas. Asimismo, con la libertad de determinar sus planes y programas de estudio, fijando también los términos de ingreso, promoción y permanencia de su personal académico; además con la responsabilidad de administrar su patrimonio.

Sin duda, la obtención de la autonomía fue un momento destacado en la evolución institucional. El resultado, a 21 años de una UV autónoma está a la vista, y aunque tenemos ya un nivel de madurez importante, aún queda camino por recorrer: es necesario continuar hacia la consolidación de la autonomía; es responsabilidad de toda la comunidad que esta cualidad sea el sustento en cualquier proyecto que marque el rumbo de nuestra universidad. Desafortunadamente, se tiene una percepción bastante generalizada respecto de que en los últimos años se han realizado acciones en donde el concepto fundamental de autonomía se ha transgredido, a pesar de estar bien establecido en la ley correspondiente.

Ahora, a nivel nacional, la autonomía universitaria se percibe en riesgo, fundamentalmente por la grave situación financiera por la que atraviesan varias universidades públicas estatales y autónomas del país. Corren el riesgo de no poder realizar el pago de salarios y prestaciones correspondientes al fin de año, mucho menos de seguir realizando sus funciones básicas. Es un hecho que varios rectores, y la ANUIES en su conjunto, se están sumando a la solicitud de apoyo a estas instituciones, lo que se hace solicitando asimismo el respeto a sus respectivas autonomías. Aparentemente, la UV no está en la misma situación: por fortuna –dice nuestra actual administración universitaria– no es nuestro caso porque tenemos finanzas sanas, basadas en nuestra autonomía financiera.

No obstante, en la sala de juntas de la rectoría de la UV, el pasado lunes 13 de noviembre, el gobernador del estado dio lectura a un documento donde mencionó que la autonomía financiera de la Universidad Veracruzana estará basada en porcentajes relativos al "total del presupuesto general del estado". Posteriormente, el 16 de noviembre, a través de una nota periodística se consignó una matemática distinta, la cual reduce de inmediato el presupuesto mencionado: en breve, se dijo que el subsidio estatal para nuestra universidad no estará basado en el presupuesto general del estado, sino en el que resulte después de las aportaciones a los municipios. Tal declaración pública requiere de explicaciones más detalladas y convincentes, primero: porque desestima al "día histórico para la universidad y día histórico para Veracruz" –como lo dijo el gobernador durante su lectura–. Segundo: porque la declaración pone en una situación de incertidumbre a la llamada autonomía financiera, ya que abre la puerta para modificarla unilateralmente en cualquier momento, y tercero: porque decir y desdecir consecutivamente y en tan corto tiempo es nuevamente una transgresión a nuestra autonomía.

Ante esta percepción, necesitamos retomar la orientación de la autonomía universitaria en todo el país, y particularmente en la UV que es nuestro ámbito de mayor competencia. Aquí, estoy consciente que la autonomía no es total, dado que la misma Ley de Autonomía junto con la Ley Orgánica siguen bajo la jurisdicción del Congreso del Estado (lo que, dicho sea de paso, debería ya discutirse formalmente). Sin embargo, este hecho no significa que seamos dependientes; la autonomía plantea que el gobierno estatal y la universidad son entidades independientes trabajando en paralelo, buscando un bien común, que es la formación universitaria de las nuevas generaciones, la investigación y difusión del conocimiento y la extensión de la cultura y los servicios, todo esto para atender las necesidades de desarrollo de la sociedad veracruzana; es decir, los aparatos de gobierno de la Universidad y del Estado son pares y requieren trabajar con esa visión; ese es el camino correcto de la autonomía.

Eso es lo que debemos percibir de la relación universidad-gobierno estatal. Es claro, entonces, que necesitamos retomar el rumbo para la consolidación y fortalecimiento de una sólida autonomía, porque la comunidad universitaria así lo demanda, porque la sociedad veracruzana lo necesita, porque la misma Ley de Autonomía nos lo exige a través de la Junta de Gobierno, porque no podemos dar marcha atrás en este andar de progreso de la Universidad Veracruzana. Necesitamos también –los universitarios, todos– retomar el propósito de promover la confianza institucional; sólo así continuaremos el camino hacia la consolidación de nuestra autonomía universitaria, tanto la académica como la financiera.