Política

Los viejos rituales del PRI, el destape de Meade y sus tormentas

noviembre 27, 2017

En un afán por ocupar las primeras planas y convertirse en el centro de la atención de los votantes, el PRI quiere, vehementemente que lo suyo sea lo que impacte y genere la conversación en todos los lugares de donde se hable de política y de las próximas elecciones presidenciales.

En eso tienen mucho colmillo los priístas que han estado en la cocina, aderezando platillos moleculares como el chef Adriá, para que con poco se conformen los comensales, que pagarán con creces esas pretensiones de hacerle juego al poder de los deudores. Porque si no te pagan, te quiebran.

Eso pasó esta semana, una demostración en lo que son buenos los de ese partido, en forzar las cosas. Preparan el ambiente para dar como hechos consumados e irreversibles los designios cupulares y no me refiero a los de los jefes nacionales, que están en pugna constante.

Todos pelean ser tomados en cuenta con lo que saben hacer: sin preguntar intercalar maniobras dentro de los viejos rituales, como si éstos fueran verdad y no subproductos de consumo para las masas y para las jerarquías de los medios y de las organizaciones, que existen, mientras haya nómina que las sustente.

Por eso el activista político Peña acaba de relanzar una pista más para la anecdótica: que no será por medio de elogios, el método para que el dedazo proceda. En pocas palabras se entiende para los ritualistas, que descalifica el albazo acapulqueño, en el que se dio a conocer la primicia a los representantes de los países con los que tiene México relaciones diplomáticas.

Pero si usted observa, mi estimado lector, lo que se dijo mas bien, es que se va a repetir la escena, que confirme el destape que no cuajó, con el líder vitalicio de los burócratas, Joel Ayala, que nadie tomó en serio. Pero que sentó el precedente de que un patiño levanta-dedos, ascendiera a levanta-manos, parodiando lejanamente en calidad y tiempo, a aquél sargento Pío Marcha que pregonó como emperador a Iturbide, en la madrugada, cuando nadie oía; lo de Ayala fue con el propósito de palomear el ritual de incluir al pueblo, que ni se dio por aludido.

Dado ese párrafo del libreto, la parte donde todo el auditorio estaba en el baño y con la ínfima credibilidad ya calculada del burócrata multinóminas, la laguna de la prefabricada incertidumbre, se hacía necesario conjurarla; porque es la palabra que mas temen los banqueros y hombres de negocios: la incertidumbre. Y entonces se vio obligado, -dijeran dizque confidencialmente- a presentarse el jefe de todos ellos, Videgaray, que para muchos se la ganó a su jefe formal, para especificar ya sin rodeos, directamente a los acreedores, recomendando a uno de sus colaboradores.

La maniobra ha despertado la sospecha en muchos comentaristas, dicen que el presidente ya cambió de caballo, que antes apoyaba a Meade, pero como Videgaray su alter ego, se fue de paso, hasta quemó a su propio candidato, y otras especies similares, razonamientos por encargo, pues. Han surcado la tinta y las redes de lo que parecería un impericia y no una precisión ante quienes interesa que les paguen.

Porque si la política es entre otras cosas, circunstancia, lo más circunstancial es la deuda que llega a la mitad del producto interno bruto. Una friolera en la que la suerte para México es mala, mas que el tratado con Estados Unidos y Canadá, y eso, es decir bastante; porque lo que interesa, es demostrar que se puede pagar y que hay voluntad política para hacerlo y entre paréntesis, pedir más.

Por eso se desatan las tormentillas, de los que no son garantes del servicio de la deuda; porque aquí, a los de afuera, es a quienes les interesa quien heredará las obligaciones. Y punto.

Y esos son Videgaray, el factótum, el único político mexicano con interlocución con el poder geopolítico; y Meade, quien por mas que quisiera Carstens y la sensatez, de que éste funcionario, debería ser el gobernador del Banco de México porque se deben seguir normas puntuales, para no desbarrancar las finanzas; nada evitará que la economía siga su rumbo errático, el que con eufemismos dijo Carstens, está en crisis.

Entonces ya sortearon el aparente barrunto de mal tiempo político. Avisan a los locales, que no vale lo que Videgaray dijo, pero que si vale, porque al PRI -en estas horas- le toca la comparsa de repetir el libreto y hacer las vallas para que los búfalos no las rompan. Y asunto arreglado.

El candidato del PRI será Meade, Videgaray no aguantó la resistencia de la nomenklatura, parece que le dio la espalda a Aspe. Pero como es el único, repito, el único que dejan entrar a la Casa Blanca, metió a su cuate; y ahora los veedores de las finanzas tendrán que buscar uno que se las ingenie, para sacar recursos en los próximos meses por las caídas del peso, una vez, tan luego sea oficial la descomposición del TLCAN.

Esas si serán las verdaderas tormentas, que confirmen con todo y Cambridge Analytica, porqué está el PRI en el tercer lugar, del que nada indica mas allá de la propaganda, que podrá salir ■