Política

Hacia el desastre

noviembre 25, 2017

Hubo un tiempo en que los gobiernos mexicanos tuvieron noción del interés del Estado nacional y las formas de asegurarlo en favor del interés público. Tenían muchos otros defectos, pero hubo un principio básico del Estado en el sentido de que había que mejorar el bienestar de los connacionales. Así, la alimentación fue vista como un asunto de Estado y, desde los años 30 del siglo pasado, las políticas gubernamentales priorizaban seriamente la producción y el abasto alimentarios. Se crearon instituciones para ello. La Compañía Nacional de Subsistencias Populares y Leche Industrializada (Conasupo), por ejemplo.

En general, durante 50 años las políticas públicas se orientaron por conceptos como autosuficiencia, soberanía y seguridad alimentarias. De forma paralela se dedicaron recursos y tiempo para estudios económicos y salud para mejorar los patrones de ingesta. El factor ingresos siempre ha desempeñado un papel determinante en la calidad alimentaria y el Estado buscó las formas de compensar la pobreza por la vía de subsidios a la producción y al consumo. Hubo importantes distorsiones y desviaciones de las políticas, pero en general los propósitos se cumplieron.

El último esfuerzo serio que hizo un gobierno mexicano por tener una aproximación precisa a la producción y consumo alimentarios en el país fue en los años 70.

A partir de los 80, la inflexión neoliberal mundial cambió las prioridades de políticas, se dejó de apoyar a los pequeños productores agropecuarios para privilegiar proyectos destinados a las exportaciones y no al consumo interno.

Sumados los años y las decisiones, esto ha implicado el debilitamiento severo de las capacidades nacionales para garantizar una ingesta básica pero suficiente a los mexicanos. El Sistema Alimentario Mexicano fue el último impulso serio del Estado mexicano por integrar procesos productivos primarios, aplicar tecnologías propias adecuadas y cambiar la actitud de los extensionistas agrícolas, aunque al final del día las acciones de este programa se concentraron en operar como estimuladores de la producción de granos básicos con un criterio productivista y modernizante.

Con la retahíla de gobiernos neoliberales, la política alimentaria nacional cambió radicalmente. La meta de la autosuficiencia fue abandonada y se apostó por los intercambios comerciales como método para garantizar la disponibilidad de alimentos. Un cambio de políticas basado en la peregrina idea de que el asunto alimentario es determinado sólo por el mercado y demanda que puede resolverse mediante la compra simple.

México es el único país que ha sacrificado algo tan elemental como la seguridad de la ingesta nacional por teorizaciones y racionalizaciones que suponen que el no tener comida no es problema porque se compra.

Eso explica porqué el gobierno del estado castiga escamoteando más de 60 por ciento del presupuesto dedicado a la producción agropecuaria. Más la corrupción, desde luego.