Política

Las luchas campesinas frente a la traición de los ideales revolucionarios

noviembre 23, 2017

La lucha y defensa de los territorios es la demanda principal de las organizaciones indígenas independientes contra el neoliberalismo, esta resistencia en el país y en el ámbito internacional es emblemática, frente a los despojos orquestados por múltiples gobiernos en contubernio con el capital transnacional. En México los pueblos originarios están peleando por lo único que queda para las siguientes generaciones.

El derecho a la tierra por parte de los campesinos e indígenas fue la demanda principal, durante La Revolución Mexicana, señala Rubén Mercado Terán (1994), en su reseña histórica sobre las organizaciones campesinas nacionales, sin embargo, los líderes revolucionarios que fueron tomando el poder, como fue el caso de Carranza y Obregón, desarrollaron una serie de estrategias para acabar con las revueltas que encabezaban Villa y Zapata, caudillos que luego de las elecciones de Madero, el asesinato del último ocurrido el 22 de febrero de 1913 y en etapas posteriores, siguieron peleando porque se cumplieran las propuestas enarboladas durante el movimiento armado.

La lucha de Francisco Ignacio Madero a través de las urnas, en un primer momento logró un fuerte consenso en el ámbito urbano, así luego de un proceso electoral, en el que resultó victorioso fue encarcelado por el gobierno, en San Luis Potosí, posteriormente, el 20 de noviembre de 1910 enarboló una revuelta armada, que generalmente es a la que se le denomina como La Revolución mexicana porque a ésta se sumaron contingentes que estaban peleando con anterioridad en varias regiones del país. Madero promulgó el Plan de San Luis, con el lema: "Sufragio efectivo no reelección". Y en mayo de 1911, los ejércitos victoriosos pidieron la renuncia de Porfirio Díaz, en ese mismo año es elegido Madero presidente de México.

Las propuestas que se generaron durante las revueltas armadas tuvieron influencia en las estrategias que se relacionan con la extracción de los recursos naturales, algunos años antes de iniciar la etapa denominada como posrevolucionaria –periodo de 1917 y 1940–, Cárdenas García (2009:17) señala que en: "El artículo 22 de las "adiciones al Plan de Guadalupe", del 12 de diciembre de 1914, el primer jefe dejó establecida su inconformidad con las leyes vigentes y señaló la necesidad de modificarlas. "Las adiciones al Plan de Guadalupe", anuncian que con la victoria del Ejército Constitucionalista se revisarán las leyes relativas a la explotación de minas, petróleo, agua, bosques, y demás recursos naturales", sin embargo, posteriormente, gran parte de los planteamientos iniciales se fueron transformando. El gobierno priorizó en la obtención de impuestos –como en el Porfiriato-, sin considerar el detrimento ambiental y cultural, tal fue el caso de la minería y la industria petrolera, lo que propició múltiples posibilidades para los capitales nacionales y transnacionales, además, de esa manera la política tributaria empezó a consolidarse, García Aguirre (2011:516) señala al respecto: "La evolución del pago de impuestos por las empresas petroleras y por la manera en que se financió la producción. Respecto a la primera, situándonos en 1912 para ejemplificar, la recaudación fiscal fue de 494 mil pesos, en tanto que en 1940 llegó a 89.2 millones de pesos, cifra que después se elevaría sistemáticamente".

La traición por parte de los caudillos revolucionarios que llegaron al poder se consumó no solamente con modificaciones legales, Francisco Villa fue asesinado el 20 de julio de 1923, estaba retirado de la lucha armada, quiso tener una incursión política y le costó la vida. Algunos años antes Emiliano Zapata cayó en una trampa, el 10 de abril de 1919, en el caso de los contingentes del último se fueron mermando hacia 1920, de esa manera el movimiento armado entró a una etapa de institucionalización y gran parte de las luchas campesinas fueron encausadas y manipuladas por Álvaro Obregón y Carranza; sin embargo, algunos grupos de manera periférica continuaron en la lucha por la defensa de sus tierras; también, surgieron algunos más, estuvo también la búsqueda de una articulación para hacer frente a las coyunturas complejas para campesinos e indígenas, como la que inició para la gran mayoría de los sectores, desde los años ochenta del siglo pasado con el proceso de la descentralización del estado y las privatizaciones.

Los territorios desde la conformación y consolidación del sistema político mexicano fueron expropiados a los pueblos originarios, traicionando con ello uno de los principales ideales de La Revolución Mexicana, en el momento actual es cada vez más descarnada la explotación de los recursos naturales con una devastación permitida debido en gran medida a la centralidad de la figura del ejecutivo federal, lo que resulta ser también, una contradicción porque precisamente la gestación de las rebeliones fue contra la dictadura del presidente Porfirio Díaz, de esta manera con un congreso supeditado, se fueron generando las modificaciones legales que beneficiaron al gran capital en detrimento del medio ambiente, la sociedad en general, pero de manera muy específica la afectación ha sido mayor para aquellos que desde siempre fueron excluidos por el sistema político-económico, los campesinos e indígenas.

Las organizaciones campesinas disidentes han enarbolado posiciones políticas contrarias a las políticas neoliberales en las que han mostrado su valentía y resistencia, dentro de éstas es representativo el Neo Zapatismo, el cual, desde su levantamiento armado en el año de 1994 ha propiciado la visibilización de las luchas de diversos sectores, ha generado la reactivación de muchas de éstas, pudo construir articulaciones con diversas organizaciones en el ámbito nacional e internacional. Actualmente, se encuentra luchando por vías distintas a las que había desarrollado para abrir los canales democráticos en el país, está colocando en el escenario político nacional e internacional, varios de los problemas más trascendentes de la actualidad, entre éstos dos: La devastación del medio ambiente por parte de las transnacionales; y la exclusión a la que han sido sometidos los pueblos originarios. Los Zapatistas actuales recuperaron los ideales revolucionarios, de manera propositiva han invocado a los valores étnicos que desafían al neoliberalismo; y a los modos culturales altamente autoritarios y patriarcales ■