Política

Efeméride

noviembre 21, 2017

Nos enseñaban el tiempo pasado para que nos resignáramos, conciencias vaciadas al tiempo presente: no para hacer la historia, que ya estaba hecha, sino para aceptarla. La pobre historia había dejado de respirar: traicionada en los textos académicos, mentida en las aulas, dormida en los discursos de efemérides, la habían encarcelado en los museos y la habían sepultado, con ofrendas florales, bajo el bronce de las estatuas y el mármol de los monumentos. Así dice Eduardo Galeano en Memoria de Fuego.

Ayer, 20 de noviembre, fue fecha de ritos deslavados, huecos, en manos de ilegítimos y burócratas que en honor a una historia que no merecen pero sobre todo ignoran, cumplen por sumisión ideológica penosamente con un calendario civil perdido del sentido que dan los contenidos cuando son coherentes.

La Revolución Mexicana, con todas sus cortedades y malformaciones, cumplió con crear un Estado con sentido y contenidos de mejoramiento para todos. El estado de bienestar que alentó la formación y capacitación de una inmensa clase media mayoritariamente compuesta por obreros y burócratas. Milagro mexicano le llamaron y definió el perfil del país desde los años 40 hasta inicio de los 80.

De ahí en adelante, la catástrofe. La concentración obscena de la riqueza y la multiplicación geométrica de la pobreza y la precariedad.

Recordar la fecha de inicio de la Revolución Mexicana tiene sentido sólo cuando trae al presente la conciencia del abuso de los desastrosos proyectos neoliberales, la corrupción del dinero y la represión. Esto, no la efeméride, es el verdadero contenido de la celebración de una fecha a la que hace mucho le escamotearon los motivos y el significado.

Gobiernos de día de asueto por cumplimiento de ley y ni la menor pista de los muchachos de Ayotzinapa, puestos ya en la atiborrada bodega de pendientes de un gobierno criminal al que, por lo demás, acaban de restregar su infausta responsabilidad en la represión sexuada en San Salvador Atenco, justo por el que hoy es presidente y aceptó haber dado la orden de soltar las "libertades" misóginas a un grupo de sub humanos uniformados a sueldo del Estado.

Las efemérides y los calendarios civiles sólo tienen sentido cuando recrean los contenidos de la memoria colectiva y explican el presente. Sea con dolo o con satisfacción.

Nos hemos envilecido en un torrente de individualismo desinformado por elección, porque saber el pasado con precisión y perspectiva ilumina en exceso lo miserable del presente.