Política

Disponibilidad de mano de obra: eje de progreso

noviembre 14, 2017

Dentro de una serie de estudios sobre la relación de México con Estados Unidos recopilados por la Universidad de California, hay varios que hay que tomar en cuenta por contener datos y apreciaciones útiles ahora que nos encontramos en la retadora fase de cambios sustanciales en nuestras relaciones con el exterior.

Poco antes del año 2000, más de un millón de mexicanos atravesaron el río para ocuparse en ese país en sus campos y fábricas. Mientras en México la población trabajadora aumentaba frente a una creación de sólo 350 mil empleos, Estados Unidos creaban 10 mil diarios. Hasta hace poco 4 por ciento de la fuerza de trabajo en aquel país era de indocumentados, es decir 85 por ciento de los trabajadores agrícolas. El crecimiento de la población norteamericana, más lento que el de los inmigrantes, hacía que ciertas actividades, como la agricultura, la construcción y los servicios domésticos, siguieran dependiendo de mano de la obra indocumentada. La deportación de éstos en los últimos años no servía para crear nuevos puestos de trabajo sino, por el contrario, debilitaba las economías locales que tenían que contratar trabajadores mejor pagados para cubrir vacantes. Mientras esta situación perdure, lo que menos le conviene a Estados Unidos es cerrar la corriente de trabajadores latinos a sus campos y fábricas.

Los escenarios han ido cambiando desde los tiempos en que se contrataban braceros. La mecanización de los trabajos agrícolas y la creciente robotización en la industria se han desarrollado a ritmos inesperados y las operaciones simples se rinden ante las tecnificadas. Se requieren trabajadores más calificados. Los migrantes ilegales mexicanos están siendo sustituidos con trabajadores temporales más calificados con visas H2A y H2B. Va decreciendo el número de mexicanos que van a Estados Unidos a trabajar.

Pero la reducción de trabajadores buscando ocupación en el país vecino no sólo obedece a la evolución en ese mercado laboral sino a una disminución en nuestra reserva de mano de obra rural, ya que el panorama social también ha cambiado. Se registra una sensible baja en el tamaño de la típica familia mexicana, lo que reduce drásticamente la emigración. Además de esto, los jóvenes de hoy no buscan tanto irse a Estados Unidos sino adquirir una preparación escolar.

Existe otro factor fundamental: el demográfico. Aunque muy conscientes de que hemos desperdiciado mucho el potencial de nuestros recursos humanos, vivimos creyendo equivocadamente que todavía contamos con una amplia reserva de población económicamente activa (PEA) del que falta echar mano. Pero las esquelas funerarias exhiben el envejecimiento nacional. De continuar alterándose la pirámide poblacional a su ritmo actual, en pocos años la mano de obra agrícola e industrial escaseará hasta el grado de que falten brazos para producir artículos que necesitamos para nosotros mismos, no se diga para participar en los mercados mundiales.

Debemos ir ajustando nuestra actitud hacia el trabajador extranjero. Los Estados Unidos están sufriendo, al igual que Europa, del insuficiente crecimiento demográfico que los obliga a depender de la inmigración para mantener vivas determinadas actividades básicas. De igual manera, a medida que en México escaseen brazos para atender los cultivos y las líneas industriales, por haberse "graduado" nuestra población a tareas técnicamente más exigentes o al sector servicios, iremos dependiendo de inmigrantes, comenzando con los centroamericanos, para tripular los campos y fábricas.

Un mínimo de previsión nos aconseja prepararnos para dar eventual entrada a inmigrantes centroamericanos, asiáticos y africanos para cubrir la previsible necesidad de trabajadores que atiendan los niveles más básicos de nuestra estructura productiva.

juliofelipefaesler@yahoo.com