Política

La Revuelta de Río Blanco, un movimiento precursor de la Revolución Mexicana

noviembre 13, 2017

En diversas regiones del país se propiciaron inconformidades por el autoritarismo con el que ejerció su gobierno Porfirio Díaz, la corrupción durante su ejercicio y por las políticas de apoyo al capital extranjero y a una élite nacional, en detrimento de la gran mayoría de la sociedad. Las revueltas que dieron forma a la Revolución Mexicana tuvieron diversas características y un sustento ideológico múltiple, propuestas liberales que en el ámbito urbano buscaban una reforma a través de las urnas, encabezadas por Francisco Ignacio Madero. Al mismo tiempo, sobre todo en el medio rural y en los incipientes espacios fabriles, estaban aquellos que planteaban una transformación radical. Entre sus dirigentes prevalecía el anarquismo, en algunos más el marxismo; también, se encontraban los que tenían ambas, en tanto que otros vinculaban las tres filosofías occidentales, las cuales, generaron conciencia y elementos para la lucha que se articularon en las regiones. A las reflexiones colectiva sobre las circunstancias de injusticia que muchos enfrentaban de manera cotidiana, también, en diversos casos, prevalecieron solamente las últimas, al igual que la espontaneidad, en una coyuntura específica, producto de la ira contenida por la opresión. Además, entre los pueblos originarios pervivía un conjunto de ideas provenientes de un comunalismo heredero del pensamiento mítico prehispánico. Este último tuvo repercusiones sobre todo en los grupos que encabezaba Emiliano Zapata.

En la huelga de Río Blanco, Veracruz, estuvo la ideología anarquista a través del magonismo del Partido Liberal Mexicano. El historiador Humberto Morales Moreno (2014) en su texto Río Blanco, Intriga, huelga y rebelión (1906-1907), de editorial Las Ánimas, va a plantear como tesis central que: "Fue un movimiento precursor de la Revolución Mexicana porque ayudó a destruir la imagen del régimen del general Díaz. Tuvo un efecto en la opinión pública más afortunado que la represión de Veracruz en 1879 (…) y que la rebelión de Acayucan de octubre de ese 1906".

Una parte fundamental de la obra es la reconstrucción del movimiento de los obreros de Río Blanco en 1907. En gran medida con un seguimiento de la investigación realizada por Bernardo García, quien ha priorizado en este tipo de análisis: En el inicio del año se propició la lectura del laudo emitido por Porfirio Díaz, al término de esta se hizo un silencio, posteriormente un grito entre los obreros rechazando el reglamento: "Primero mártires que esclavos". En el documento se otorgaban concesiones pero se quitaba la posibilidad de huelga. Los ánimos entre los trabajadores se caldearon. El lunes 7 de enero, los silbatos de las fábricas sonaron a las 5:30 de la mañana; un grupo de trabajadores de presentó a trabajar, otro se mantuvo afuera de la fábrica. Entre ellos se encontraban obreros del Gran Círculo de filiación magonista-libertaria; las mujeres invitaban a los que iban entrando a la fábrica a que no lo hicieran.

El contingente disidente decidió tomar la Company Store de Víctor Garcín, desatando una refriega que provocó la primera muerte de un trabajador. Los sucesos de la tarde y en la fábrica de Santa Rosa, en las cuales, los obreros mostraron su ira básicamente contra las casas de empeño y los negocios cuyos propietarios eran extranjeros. Tal era el caso de Garcín; también, liberaron presos de las cárceles. Sus acciones las pagaron con la vida centenares de ellos. En la caminata al complejo fabril de Santa Rosa se hizo notar el grupo de mujeres. Entre ellas iban Lucrecia Toriz, Mariana Martínez y Filomena Pliego. Los obreros saquearon las propiedades privadas; sin embargo, no propiciaron ninguna muerte contra los dueños de los negocios, ni los empleados. En cambio, el Gobierno los reprimió de manera brutal en la población de Nogales y en su retorno a Santa Rosa.

Un día después, la represión continuó y el 9 de enero, mientras los silbatos de las fábricas llamaban a los obreros, sonaban en el aire cerradas las descargas. Los soldados llevaron a cabo ejecuciones "ejemplares" frente a las tiendas saqueadas. La prestancia de la represión en la región se debió en gran medida a las posibilidades que propiciaba el ferrocarril. El autor, enuncia que de los 7 mil 83 obreros que laboraban en las fábricas textiles solamente regresaron ese día 5 mil 512. Los otros mil 571 huyeron de la región, fueron consignados, estaban heridos o muertos.

El Gran Círculo de Obreros Libres (GCOL) fue reprimido en todas las regiones del centro del país. El gobierno buscó la manera de exterminarlo. Hubo ejecuciones extrajudiciales, detenciones, entre algunas de ellas la que menciona Bernardo García con la llegada de José María Neyra Obcejo, Pedro y Paulino Martínez, acusados de la revuelta y en calidad de detenidos. El primero, militante del Partido Liberal Mexicano y uno de los fundadores de la GCOL; el último, editor del periódico opositor El Colmillo Público. La conclusión para Bernardo García, señala Morales, fue la de una rebelión.

Bernardo García Díaz (7 de febrero del 2017), en una conferencia en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), enunció que fue un movimiento espontáneo, en el cual estuvo presente la ira social, el malestar contra los comerciantes, en donde es muy importante la participación de las mujeres. También estuvo la figura de Juárez –los trabajadores llevaron su retrato– y en diversos momentos lo evocaron a través de gritos y consignas. También, destacó que hubo un instinto nivelador, con un fermento político creado por los magonistas y un encono patronal contra su intransigencia que buscó por todos los medios de acabar con la militancia de los trabajadores, al igual que el gobierno. Para éste, las consecuencias de la huelga contra lo que pensaba el gobierno no inhibió la protesta, acabó con las revueltas. No hubo otra en Río Blanco durante el Porfiriato. Sin embargo, las huelgas continuaron a pesar de la represión. El movimiento huelguístico orizabeño siguió (…). La revuelta de Río Blanco tuvo un efecto erosionador para el Porfiriato (...) porque tuvo una repercusión nacional muy fuerte en el imaginario de la gente que se fue a la Revolución; mientras que localmente tuvo un efecto galvanizador porque es fue de los catalizadores del movimiento que va a surgir en Orizaba a partir de 1915, y que repercutió en las mejoras que alcanzaron los trabajadores de esta región y las de un sindicalismo que irradió por diferentes regiones del país.

Humberto Morales presenta tres conclusiones, sobre los motivos de la revuelta: "En vísperas de la Revolución maderista, las movilizaciones obreras tenían una fuerte carga nacionalista: Las ideas anarquistas y libertarias no formaron un bloque ideológico compacto de lucha o de organización política. La cotidianidad del mundo del trabajo, las condiciones precarias de los centros de labor y la nostalgia por el regreso constante a la cultura y paisaje agrario de sus orígenes, se mezclaron y, en ocasiones se confundieron con las demanda económica en una etapa crucial del sistema industrial porfirista que enfrentaba el reto imperioso de la productividad del trabajo y del capital". También, retoma una carta que Carlos Herrera –quien era el jefe político– le envió al entonces gobernador Dehesa –varios años después de los sucesos aludidos– en la que se sugiere que el motín y rebelión de la tienda pudo haber sido provocado para desestabilizar las consignas de los líderes obreros y hacerlos caer como agitadores. Esto remite a las huelgas patronales que buscaban erradicar los liderazgos de los trabajadores, también a que había dos alas del movimiento obrero, una más radical y otra que buscaba reivindicaciones para los trabajadores, pero que era más dependiente del gobierno y los empresarios. Otra interpretación más, es que: "Las intrigas palaciegas de las camarillas regionales o de las redes de poder económico y político que no necesariamente estaban bajo el control de Porfirio Díaz, operaron a su manera, el enfrentamiento y violencia radical de los trabajadores con facturas que a la postre fueron pagadas por los magonistas y el Partido Liberal Mexicano". Los planteamientos del historiador propician el pensar en una sobredeterminación de las tres causas enunciadas y de otras más.

El texto de Morales ubica como fundamental el concepto de clase social articulado a lo económico, al tiempo que lo vincula con la acción colectiva. De esta manera hace posible conocer las razones estructurales que dieron forma a esta movilización. También enfatiza la importancia del contexto histórico. Y en la historia regional vinculada a la nacional va a considerar aspectos como la vida cotidiana y la cultura. La investigación muestra un trabajo minucioso de las fuentes. Así propicia el rememorar la rebelión de Río Blanco, en tanto que el especialista desarrolla su comprensión e interpretación mediante una propuesta de análisis marxista, en un marco cultural hermenéutico que hace múltiples sugerencias. Además, por su rigor, nos remite a los estudios de otros expertos en el tema, como es el caso de Francisco Zapata y Bernardo García.

El trabajo de Humberto Morales y Bernardo García hace posible percibir la trascendencia de las acciones colectivas, la cohesión que propiciaron y sus múltiples posibilidades, en este caso, el desgaste significativo al régimen dictatorial de Porfirio Díaz. También muestran que la revuelta de Río Blanco ha sido un antecedente trascendente para otros movimientos obreros en la lucha por sus derechos. En el caso del primer autor, va a enunciar como prioritaria la conciencia que se propicia a partir de una ubicación de marginación y explotación dentro de la estructura social, su reproducción en el espacio laboral –el complejo fabril–. A partir de lo anterior, muestra la construcción de una cultura, alrededor del entorno con múltiples elementos de la ideología anarquista que va a ser nodal de manera previa y en el instante mismo de la revuelta, incluso en las estrategias de lucha, no como un ente homogéneo, pero sí presente en varios de los participantes como una fuerza reivindicativa. Ambos expertos, al igual que Francisco Zapata, permiten la rememoración de las luchas de los trabajadores en los primeros años del siglo pasado. Los hacen vigentes en un discurso con rigor académico, pero, accesible para todos.