Política

Salinas de Gortari y Duarte: paralelismo ominoso

noviembre 11, 2017

La película ya la habíamos visto y sólo se confirmó lo que desde principio se sospechaba, que no se iba a llegar a nada, cuando no sea el desaliento y el desánimo, pero la justicia en serio nunca llegaría y sólo fue el escándalo y el teatro mediático que armó el procurador general de la república panista, Antonio Lozano Gracia –salido del despacho de Diego Fernández de Ceballos– nombrado por el presidente Zedillo para esclarecer el asesinato de Francisco Ruiz Massieu, a la sazón cuñado del presidente Carlos Salinas de Gortari.

El asesino del secretario general del PRI fue detenido precisamente en el lugar del crimen y al confesar y revelar los nombres de quienes lo fraguaron, se llegó al hermano del presidente, Raúl Salinas de Gortari, a quien, por cierto, en ese gobierno se le conocía como "el 15 por ciento", pues era la cantidad que se difundió recibía por las contrataciones y mil trastupijes que se hacía al amparo del poder que da la corrupción y la impunidad y en donde ejerció una influencia descomunal.

Es de todos conocidos que en la elección del 88 se cometió un descarado fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas –primera elección que hubiera registrado la histórica democráticamente–; sin embargo, Miguel de la Madrid Hurtado –por cierto, su hijo Enrique es el secretario de Turismo de Peña Nieto– no permitió que tal aconteciera y al tiempo, en la soledad, reconoció ese grave error de su vida, lo que después, a través de Emilio Gamboa –coordinador de los senadores designado por Peña Nieto– se manipuló que todo fue producto de la debilidad senil, es decir, que el ex presidente mentalmente no estaba bien , pues lo dicho por la periodista Carmen Aristegui no era creíble.

No hay que olvidar que la llegada de Zedillo a la candidatura priísta fue producto del asesinato de Colosio y su triunfo se produjo cuando Diego Fernández de Ceballos –después de ganar el debate donde lo hizo trizas– se alejó de los reflectores, como una retirada estratégica, sin ignorarse, por supuesto, los vínculos que tenía con Salinas al ser el instrumento panista para que las boletas electorales, que se encontraban resguardadas en la Cámara de Diputados, fueran incineradas y borrar ese "patriótico" fraude.

Con la detención de Raúl Salinas

–acusado de más delitos de los que hoy se adjudican a Javier Duarte– y la huelga de hambre de su hermano ex presidente, hacían presumir que se llegaría al fondo de la corrupción; sin embargo, todo fue mascarada y lo peor de todo es que se le devolvieron los bienes y efectivos incautados en el país y el extranjero, y ninguno de sus cómplices fue llamado a cuentas. De ahí que existe un paralelismo ominoso entre lo que hoy vemos en Veracruz y lo acontecido hace más de 20 años; la historia se repite en una plena caricatura, pues los secretarios de Hacienda, Videgaray y Meade, permitieron que el dinero de la Federación fluyera para Veracruz, pese a existir denuncias de la auditoría superior y los procuradores Murillo, Gómez y el recién renunciado Cervantes se hicieron de la vista gorda.

Raúl se pasó un buen tiempo en la cárcel –igual suerte le espera a Duarte y cómplices– y el procurador de entonces Lozano Gracia, no ha sido acusado de nada, como tampoco lo serán los procuradores de Peña Nieto: Murillo, Karam, Arely Gómez, Cervantes Andrade, o bien, Medina Mora –procurador de Calderón y hoy ministro de la Suprema Corte de Justicia, propuesto por el actual presidente–, por los actos de omisión en los que han incurrido y todo porque no existe independencia ni autonomía en ese órgano de fiscalización y los crímenes que se han cometido en Tamaulipas, Michoacán, Estado de México, Veracruz, etcétera, en los que México tiene responsabilidad internacional, cuando los atienda la Corte Interamericana de Derechos Humanos o la Corte Penal Internacional, quien en ese momento gobierne pagará las consecuencias.

Si en el pasado era el autoritarismo lo que prevalecía y vemos a Salinas de Gortari en libertad y su hermano convertido en factor de decisión, ahora, con los principios de presunción de inocencia y el debido proceso, y donde los fiscales y las policías no están capacitados para afrontar el reto del nuevo sistema penal, las violaciones cometidas llevarán a liberar a quienes, en principio se les privó de su libertad de manera ilegal. Y si en el contradictorio de las audiencias públicas no queda plenamente probada esa responsabilidad, el ridículo será peor, aunado a que los delitos cometidos no son graves, quedándonos el consuelo del nopal: "Te comiste la tuna pero te piqué".