Política

Objetividad

noviembre 01, 2017

La realidad es como es, no como quisiéramos que fuera. Puede cambiarse, desde luego, si hay empeño para ello. El tamaño del cambio determinará la dimensión y número de los actores comprometidos para la transformación deseada. Cambiar un hábito personal requerirá únicamente del esfuerzo y compromiso personales; cambiar una circunstancia personal en el ámbito social requerirá algo más que el mero deseo individual; cambiar una circunstancia social supondrá la convergencia de diversas voluntades individuales y el acuerdo entre éstas sobre el cómo hacerlo.

Negar la realidad porque es molesta o contradice nuestros propósitos es una forma de asegurar su permanencia y una generosa dosis de frustración.

En Veracruz se vive desde hace muchos años en la zozobra. Además de las incertidumbres derivadas de la parálisis económica, los salarios y empleos precarios, la fuente destacada de aquella es la generalización de la inseguridad y su aleatoriedad.

En el sur del estado la crisis de violenta inseguridad impacta la vida todos pero se ensaña con quienes se dedican a ciertas actividades, los taxistas, por ejemplo, por su exposición constante en las calles y la naturaleza misma de su trabajo. Los médicos, por su calificación para curar y salvar vidas, son blanco natural de aquellos que necesitan con urgencia de sus servicios pero no pueden ni quieren atenderse en un hospital. Esto es, los heridos por arma de fuego.

El gobernador Yunes Linares acusa a los medios que informan sobre realidades desagradables y situaciones no deseadas de inventar mentiras para dañar la imagen de Veracruz. Difícilmente habrá alguien interesado en dañar la imagen de Veracruz. Pero sí hay muchos interesados en poner fin a los procesos de decadencia que, entre otras cosas, han creado las condiciones para una violencia exacerbada que rebasa la capacidad de corrección de las autoridades obligándolas a la mera reacción frente a los eventos. Resulta familiar para los veracruzanos tal forma de procesar la información.

El anterior gobernador también tenía dificultades para procesar las realidades indeseadas, encolerizaba y arremetía contra quienes lo contradecían.

Cambiar la imagen de Veracruz reclama de mucho más que el voluntarismo y, desde luego, que el silencio. Cambiar la imagen de Veracruz pasa antes por cambiar la realidad hostil en la que vive. Y eso precisa de la visibilización y aceptación de existencia de los problemas, no su negación.