Política

Inerme

octubre 30, 2017

El crimen cometido sobre un querido médico en la conurbación Veracruz-Boca del Río ha puesto insolente sobre la mesa un sentimiento compartido por los veracruzanos: la indefensión. Marchas consecutivas de colegas y enfermeros para obligar al gobierno a ver el problema, solucionarlo y asegurar que se tomen medidas e instrumenten políticas que devuelvan a los ciudadanos el sentido de vivir en sociedad: la seguridad. Cosa que desde hace años se ha difuminado en el estado.

El problema tiene implicaciones profundas en el desempeño de cualquier sociedad. Mucho más en la veracruzana, que tiene muchos años sometida a la incertidumbre y a la desconfianza de la autoridad, en todos sus niveles.

La percepción de indefensión es el resultado de la expectativa de que las respuestas dadas por las autoridades no pueden controlar ni los resultados ni las evoluciones no deseadas. Hay una disociación entre las respuestas dadas por las autoridades y los resultados. No es difícil entender que después de un tiempo crece en la sociedad una suerte de déficit emocional para dar nuevas respuestas, por un lado, y por otro, un déficit cognitivo para aprender que las respuestas determinan los resultados. Así, la apatía es en parte el resultado de la reacción emocional de miedo y depresión.

Los ciudadanos individuales y las sociedades aprenden las relaciones entre respuestas y resultados; atribuyen causas a esas relaciones y responden emocionalmente a ellas. Si las relaciones son constantemente deficitarias en cuando a las expectativas deseadas, es evidente que la reacción será el miedo y, de continuar en el tiempo sin mejora, de depresión.

Los veracruzanos han vivido durante mucho tiempo la malhadada combinación entre la incertidumbre por la inseguridad y la desconfianza hacia el actuar de las autoridades. Esto parece haber extendido el convencimiento de que la inseguridad es incontrolable y un sentimiento de frustración sobre el desempeño gubernamental, además de la decepción por las promesas de campaña.

Falta por ver si esto se traducirá en una decisión política. Por lo pronto, ahora el reclamo ha dejado de ser la abstracción sobre una situación general, para encarnarse en el nombre y el rostro de una persona concreta, un médico respetado y querido en su comunidad.