Política

Iniquidad, mujeres

octubre 27, 2017

Fue inhumado ayer el cuerpo de la adolescente estudiante de secundaria que había sido reportada como desaparecida el fin de semana pasado. Había sido torturada. Ni intentar, por respeto, describir el desgarramiento y dolor de la familia que vive y sufre el sinsentido de la ausencia para siempre porque había ido a comprar lo necesario para hacer un trabajo escolar.

Entre la misoginia atávica, la incompetencia y el desinterés real de las autoridades Veracruz, más de la mitad de la población del estado, las mujeres, viven en peligro por el sólo hecho de ser eso, mujeres.

Pero la cantidad de muertes femeninas desatadas desde hace ya varios años, no necesariamente se explica por una misoginia generalizada, aunque ayuda. Y no es difícil suponer que parte importante de las victimas fallecen como objetos desechables luego de haber satisfecho los reclamos del mercado de la trata.

En Veracruz, la denuncia de alguna desaparición debe esperar un período de 72 horas antes de que la autoridad mueva un dedo. Existe desde luego explicación de eso, pero en las condiciones actuales ¿se justifica?

Los feminicidios en el estado van mucho más allá del nivel de la seguridad pública; están relacionados, sí, con una patología social que las victimiza, pero sobre no es descabellado pensar que atrás de ello hay una abigarrada urdimbre de trata desechable. Del úsese y tírese.

Decía una madre, amiga de esta casa editorial, que primero hay que convencer a la autoridad de que la niña/adolescente fue, efectivamente, llevada por desconocidos; que no huyó con el novio, ni se fue de pinta, que no huye de maltrato en casa. Y la labor de convencimiento es otra victimización adicional.

El estado es un lugar peligroso para las mujeres, para los periodistas y para los contestatarios sociales. Lo es desde hace muchos años y no ha habido cambio ni indicios de que vaya a haberlo.

En los primeros diez años de este siglo, en el estado desaparecieron más de 5 mil mujeres y el ritmo no se ha reducido.

Un estudio hecho hace algunos años señala que los lugares donde las mujeres son asesinadas son la casa y la calle. O dicho en breve, en cualquier lugar. En los años en que esta patología se ha hecho notoria no ha habido una sola decisión ni política gubernamentales contundentes para contenerlo. Habría que preguntar si realmente les interesa o simplemente son incapaces. En la administración anterior las respuestas son sencillas: no les interesaba y eran criminalmente indiferentes e incapaces.

Entonces, ¿qué es lo que ésta administración hace al respecto?