Política

El nuevo viejo orden mundial de Donald Trump.

octubre 26, 2017

La caída del muro de Berlín y los sucesos posteriores de la ruptura de la política de bloques, la mundialización del terrorismo radical, el afianzamiento del proceso de globalización en el mundo, etc., indujo a pensar a muchos analistas que nos encontrábamos en una nueva etapa histórica y, aparentemente, éstos eran síntomas que apuntaban al surgimiento de un Nuevo Orden Mundial.

Pues bien, a partir de estos momentos comienzan a tomar fuerza dos visiones de la historia que empiezan a desarrollarse a finales del siglo XX: una de carácter optimista y otra de carácter pesimista. Para la primera, la historia había concluido en 1989 con el simbólico derribo del Muro de Berlín. Este acontecimiento les hizo preguntarse si acaso no estábamos ante el comienzo del "fin de la historia" y comenzábamos a entrar en un periodo poshistórico (Fukuyama, 1989). Ya no se trataba de una simple coexistencia entre capitalismo y socialismo, sino de la derrota definitiva de este último y de la victoria del capitalismo como sistema económico y de la democracia como sistema político. Paralelamente, una doctrina pesimista, la de la posibilidad de un potencial choque de civilizaciones (Huntington, 1993), barruntaba un nuevo orden mundial en el que mundo Occidental veía correr peligro sus fundamentos, Huntington observaba en el horizonte un mundo multipolar con la existencia de civilizaciones contrapuestas no solo en intereses sino, sobre todo, en la concepción de la vida. En este sentido, auguraba que los conflictos entre civilizaciones serían inevitables.

Más allá de estos intentos teóricos de explicar un mundo, que se había quedado sin el referente que fue por más de 40 años –la Guerra Fría–, lo cierto es que el mundo en la actualidad observa un doble proceso de cada vez mayor complejidad, por un lado, y de homogenización, por otro, a pocos se les escapa este hecho. El triunfo de la democracia capitalista obligó a las potencias mundiales a reescribir el viejo modelo de dominio en el que el gobierno del mundo –sistema financiero– siguiera garantizando el control de la economía de los países ricos, manteniendo el control político, económico y tecnológico de los países más desfavorecidos.

En los últimos tiempos, se observan síntomas de una nueva vuelta de tuerca en la confección de este nuevo viejo orden mundial: el Brexit en el Reino Unido, la intensificación del terrorismo islámico en el corazón de Europa, el despertar del imperialismo ruso, el posicionamiento de los polulismos en el mundo, cuyo último resultado ha sido la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump. En este sentido, el surgimiento de la figura de Trump ha supuesto una conmoción en el mundo. Para México está siendo particularmente doloroso: sumido en una eterna crisis sexenal y colonizado económicamente por Estados Unidos, no sólo se ve con preocupación y desasosiego el futuro próximo, sino que se observa cómo la desmoralización entre los mexicanos comienza a generalizarse y, no es para menos, a tenor de las perspectivas que las promesas de Trump han adelantado sobre México.

La conmoción es tan generalizada que analistas, creadores de opinión, intelectuales, agoreros, en las redes sociales, etc. hacen sus análisis y pronósticos de lo que está por venir. En muchas ocasiones estas opiniones están sustentadas más en la visceralidad que en el análisis racional de la realidad. En general, –por encima de teorías morales, filosóficas o incluso políticas– la opinión pública parece no entender qué es eso por lo que el mundo se ha movido históricamente. Hay un concepto alemán que ha definido la manera de actuar como realpolitik, es decir, la política sustentada en intereses pragmáticos conforme a las circunstancias históricas del momento. Resulta que, efectivamente, que las promesas de Donald Trump en campaña están intentando ser aplicadas a la realpolitik lo cual no es baladí para México, ni para el resto de Hispanoamérica. Sin embargo, el margen de maniobra de Trump va a estar limitado por el auténtico poder del mundo –léase sistema financiero internacional y las grandes corporaciones económicas. A este poder no les interesa un eje de poder -por otro lado, harto improbable y surrealista- Washington-Moscú, ni que se "inquiete" en demasía a China, lo que podría traer la inestabilidad al mundo y, por lo tanto, afectar a los intereses económicos del centro económico del mundo. Sin embargo, los enfrentamientos que se llevan a cabo en y con la periferia, no son realmente inquietantes para los que controlan el mundo. Esto es lo que realmente debería preocupar a México y a sus actores económicos. Si México no quiere verse afectado en demasía por las políticas de EE.UU., debería de aprovechar la coyuntura de la nueva construcción de equilibrios mundiales. Por ello, urge que busque aliados fuertes y se aproveche de estos nuevos equilibrios de poder. Es tiempo de que México mire más hacia otros horizontes como China y la Unión Europea. La búsqueda de alianzas sólidas o la firma de acuerdos bilaterales con otras potencias económicas será fundamental para minimizar el impacto de las políticas proteccionistas o agresivas de la administración Trump. Más allá de esto, lo que parece claro es que no vamos asistir a la llegada de un orden mundial diferente al que hay ahora, sino más bien se trata del mismo orden que se reacomoda y se adapta a las condiciones que se van presentando.