Política

Alerta

octubre 16, 2017

El autoritarismo se fortalece cuando las instituciones de un Estado de pretensiones democráticas son débiles. Las condiciones de debilidad crónica de origen del Estado mexicano explican el constante autoritarismo de los gobiernos mexicanos. Nacionales y estatales, es igual.

Pero a la debilidad institucional congénita del Estado mexicano se ha sumado desde hace más de una década una guerra de baja intensidad de altísimos costos y múltiples consecuencias. Todas negativas. La transición a la democracia ha sido excesiva y la guerra interna iniciada en el gobierno de Calderón profundizó las muchas crisis institucionales de todo tipo que asuelan la convivencia mexicana y que han permitido e incluso auspiciado gobiernos depredadores grotescos como el de Javier Duarte o Roberto Borge.

El actual gobierno estatal es relativamente distinto a los mencionados en no pocos aspectos, pero comparte con ellos la definición autoritaria.

La semana pasada, fuerzas del estado allanaron una escuela con el argumento de revisar, así nomás, las mochilas de los estudiantes. Cualquiera que haya sido el discurso justificatorio, fue un procedimiento violatorio de las garantías individuales: un abuso de poder. El asunto no es menor, debe ser no sólo señalado sino que las autoridades deben explicarlo y comprometerse claramente a no repetirlo; a contener impulsos autoritarios en este ambiente donde las tentaciones para la intolerancia son excesivas.

En una reacción que se antoja tardía, el Consejo Estatal de Seguridad Pública ha pedido que para este tipo de decisiones las autoridades escolares deben ser enteradas con anticipación y que a la hora del operativo los padres de familia deben estar presentes. Aunque desde luego hay formas más inteligentes y metódicas para vigilar y prevenir la penetración de la delincuencia en los planteles escolares. Si es que esa hubiera sido la intención.

El autoritarismo no es una forma de gobierno, es una forma de ejercer el poder.