Política

Pacto de Impunidad

octubre 09, 2017

Los afanes justicieros del gobernador Yunes han sucumbido, como muchos adivinábamos, ante la prospectiva del enriquecimiento propio y las aspiraciones de predominio político familiar. Pacto de impunidad; concertación de intereses. Triste confirmación de que en esa mesa todo se negocia, incluida la dignidad de un pueblo.

El diagnóstico es claro, y no hay gran debate al respecto; debilidad institucional. Las instituciones débiles engendran grupos delincuenciales fuertes (que violentan los derechos y libertades fundamentales de los individuos), las instituciones débiles engendran monopolios y afanes rentistas fuertes (que violentan los derechos y libertades fundamentales de los individuos), las instituciones débiles engendran actores sociales empoderados y fuertes (que violentan los derechos y libertades fundamentales del individuo). Pero, ¿Qué es lo que engendra instituciones débiles? Una relación de poder.

Y es precisamente a partir del análisis de la relación de poder hegemónica que podemos realmente entender la realidad nacional. Allanarnos al análisis institucional significa estudiar los efectos, olvidando su causa. Las instituciones son débiles porque así le conviene a quienes las diseñan. Es, verán, así como todo lo demás que nos atañe, un asunto de naturaleza política.

La culminación de la transición democrática en México, entendida como el proceso de liberalización política del régimen –en función del gradual reconocimiento de derechos políticos y civiles al individuo–, y su arribo a un estadio democrático, con procesos y procedimientos de naturaleza incluyente para la toma de decisiones colectivas, tiene hoy como principal corolario la construcción de una montura institucional acorde a los valores e intereses de quienes la bosquejaron.

Por décadas, la persecución de una ambicionada alternancia democrática significó el escenario ideal para incontables escarceos y negociaciones entre los actores que acordaban el futuro institucional del país. Esta coyuntura respondía a una realidad incontestable; el debilitamiento paulatino del actor hegemónico, el PRI-Gobierno, y la gestión y administración que este hacía en beneficio propio de su poder menguante, otorgando facultades, espacios y rentas del Estado a distintos actores políticos y económicos.

Es aquí donde se consolidan las bases de una dinámica política que ha regido la vida pública del país por muchos años, donde el reparto de cuotas y la satisfacción de intereses al margen de la ley han garantizado la estabilidad y coexistencia de los actores que hoy dominan México. Desde las fortunas obscenas de empresarios parasitarios, fruto de privatizaciones para cuates, hasta la cesión y trueque de gubernaturas con la oposición. Desde el armonioso amasiato legislativo del PRI y el PAN, que por décadas han impulsado reformas estructurales, adelgazando al Estado en beneficio de actores específicos, hasta las obscuras negociaciones en Gobernación. Todo se negocia, de todo se dispone. Protección garantizada para sus miembros. Libertades pactadas; inmunidades acordadas. Es así que el triunfo del PAN y Vicente Fox en el año 2000, celebrado entonces como fecha trascendental en la historia de México, no representa ya más que un baladí relevo gerencial entre pares, sin ningún tipo de repercusión real en las estructuras de poder.

Por supuesto que habrá competencia entre ellos, cada vez que una plaza se dispute. Veracruz es claro ejemplo de ello. Se impugnarán públicamente, señalándose con el dedo, alzándose la voz, siempre en el marco de contiendas electorales rutinarias e intrascendentes. Lo harán con claro entendimiento de los beneficios y privilegios que les significa encabezar dicha posición, particularmente lo que entraña llevar mano a la hora de negociar impunidad.

Como en todo lo indigno de nuestro sistema político mexicano, el gobernador Yunes destaca por mérito propio. No por eso dejando de ser, en última instancia, y como bien le acaba de recordar quien lo conoce a cabalidad, un actor menor y regional. Al tomar posesión, con pecho henchido, Yunes nos decía a los veracruzanos que él había recuperado más de mil millones de pesos de lo robado por la camarilla de Duarte. Afirmación temeraria, propia de sus arranques de "machín" de plazuela, que fue repetida en otras ocasiones. Hoy que la Organización Nacional Anticorrupción (ONEA) le exige valientemente que haga público de quien "recuperó" ese dinero, y sobre todo donde está ahora, nuestro valeroso gobernador calla.

La realidad es terca y tiende a poner a los bocones en su lugar. Los operadores de Duarte, los artífices del descomunal robo que ha costado la vida de veracruzanos, además del brutal empobrecimiento de millones, son hoy gustosos aliados de Yunes, nuestro adalid de la justicia. Noemí Guzmán, Vicente Benítez, Jorge Carvallo, Alberto Silva, Érick Lagos, Édgar Spinoso, Tarek Abdalá y demás. Criminales protegidos por criminales. Pacto de impunidad.