Política

La Faena

octubre 03, 2017

El emperador Yunes I hace y dice lo mismo que su antecesor Javier Duarte, en una curiosísima pauta de comportamiento que podría suponerse se trata de un autorreflejo inconsciente similar al síndrome de Estocolmo, o a menos que exista un tácito reconocimiento del gobernante de que, al margen de las pillerías y el uso patrimonialista del erario, a Duarte no le salieron bien las cosas en materia de seguridad y certidumbre social simple y sencillamente porque el estado de Veracruz no tiene remedio… De aquel precipitado y electorero diagnóstico que realizó en campaña cuando pedía a los veracruzanos un plazo de seis meses para acabar con la inseguridad porque aseguraba él sí sabía cómo hacerlo y además contaba con la experiencia como servidor público, a la desatada circunstancia de violencia criminal especialmente en las regiones sur y centro, puede concluirse que: o no tenía el real conocimiento del estado de las cosas o de plano su gabinetito y su proyecto han fracasado en responder a la demanda más recurrente de la sociedad… Es cierto que es muy más fácil criticar y cuestionar los yerros de la gestión gubernamental desde una posición ajena al quehacer público; sin embargo, al emperador Yunes I no se le puede ya dar ya más el beneficio de la duda ni esperar a que solucione, como se comprometió públicamente a hacerlo cuando pedía el voto, la petición más apremiante de una sociedad que es la de tener garantizado su derecho a vivir en tranquilidad… La errática conducción del gobierno y sus nulos resultados son producto del gobierno yunista a quien el argumento de echarle la culpa de todos los males a su antecesor ya no convence ni satisface a la gente que ve cómo la inseguridad no es una cuestión de percepción, tal y como lo venía denunciando reiteradamente la iglesia veracruzana; aunque habría que ver cómo influye en el ánimo de la jerarquía católica el hecho de que la cargada gubernamental y sus aliados hayan aprobado la ley antiaborto, como una especie de ofrenda al pensamiento conservador clerical y ésta comience a virar sus opiniones en torno a la actuación del Emperador y a sus afanes de sucesión monárquica… A todo le encuentra una explicación desde su peculiar racionalidad en la que las descalificaciones y las amenazas veladas van de la mano con la obsesiva fijación de heredarle a su vástago la silla gubernamental, siempre bajo aquel estilo como secretario de Gobierno de Patricio Chirinos, cuando ejerció el poder de la misma manera que el actual: utilizando la potestad legal que tiene a ejercer la violencia institucional y buscando asfixiar económicamente a sus adversarios y disidentes, echándoles encima el aparato gubernamental… En cambio, su generosidad y bonhomía con otros "disidentes" etiquetados inicialmente como enemigos por su cercanía con el Duartismo, llaman la atención y revelan cuando menos que ahí ha utilizado la mano derecha para arreglar, negociar o conciliar como es observable con muchos duartistas redimidos por el señor… El más reciente es su rarísimo silencio en torno a la posible salida del equipo de beisbol Águila del puerto de Veracruz, concesión entregada por el gobierno de Javier Duarte a la familia Mansur… Miguel Ángel I no ha dicho ni media palabra en torno al futuro de la tradicional franquicia que forma parte de la memoria colectiva del ser porteño; a menos que esté preparando el terreno para que el otro de sus vástagos que colocó en la alcaldía porteña salga como salvador y se comprometa a evitar que la jarochísima novena emigre a Laredo, claro está en esa ruta que pretende pavimentar la herencia de la gubernatura a Miguel Ángel II… Las arbitrariedades legales ya comenzaron a revertirse al gabinetito yunista. Guillermo Moreno Chazarinni, el secretario de Finanzas colocado ahí por el alcalde de Boca del Río y aspirante a la candidatura a gobernador, tuvo que recurrir a un amparo para evitar ser destituido al ignorar una resolución del Tribunal de lo Contencioso Administrativo que le ordenó pagar un adeudo gubernamental a un particular.