Política

López Obrador, el patito feo de la tragedia, ahora lo imitan

septiembre 29, 2017

López Obrador es y ha sido el patito feo de la tragedia; y no puede ser calificado de otra manera por ser incómodo en todos los aspectos, desentona, por cualquier lado que se le vea y no puede ser igual. Si se analiza que el país no aguanta más, y ya se vio con el temor y las inundaciones que no estamos preparados para nada, de ahí la campaña que lo estigmatiza y discrimina por la minoría que quiere seguir asida a la placenta del erario público.

Vicente Fox Quesada, el neopanista llevado por el PAN-Verde a presidente de la República, señaló con índice de fuego a López Obrador como el enemigo público número uno de las impolutas e incorruptibles instituciones "jurídicas, democráticas y sociales del país", por haber tenido la osadía de resistirse a que los recursos de los capitalinos –algo así como 10 mil millones de pesos– se pagaran al despacho de Diego Fernández de Ceballos, el famoso "jefe Diego", por una indemnización injusta que motivó su desafuero. Y ante su resistencia perruna, el ridículo del gobierno se cubrió con la renuncia del procurador a modo, Macedo de la Concha, y el supuesto pago de una fianza hecha por un grupo de panistas. En concreto, una de las tantas farsas jurídicas del sistema político, para que no fuera detenido.

Como si lo anterior no fuera suficiente, Fox Quesada –el mismo de la alternancia más ridícula para que todo siga peor– y quien dilapidó más de 800 mil millones de pesos de la venta de petróleo, continuó y continúa su embestida al señalarlo como populista por fomentar y apoyar la transformación de la transportación urbana, el centro histórico de la Ciudad de México y brindar histórico auxilio a las personas de la tercera edad, madres solteras, jóvenes desempleados, educación gratuita; en fin, una retahíla de beneficios que tendieron a paliar la miseria y, sobre todo, a cambiarle la cara a la ciudad capital que se encontraba en ruinas como consecuencia del temblor de 1985.

Sin embargo, no ha sido todo. En la contienda electoral de 2006, los medios electrónicos y esencialmente la profesora Elba Esther Gordillo –hoy presa política de Peña Nieto– maniobró con varios gobernadores, entre otros, los de Tamaulipas Coahuila, Estado de México, acusados de narcotráfico, a efecto de que Calderón llegara a la presidencia, pues incluso se le etiquetó y aún se etiqueta que con López Obrador México sería como la Venezuela de Chávez o la Cuba de Fidel Castro, infundiendo el miedo a la sociedad –algo normal en los regímenes antidemocráticos– para, mediante esas campañas, mantener el poder. Y tan fue así, que la líder magisterial se apoderó de la Secretaría de Educación Pública, la Lotería Nacional y el Instituto de Seguridad Social al Servicio de los trabajadores del Estado (Issste), posiciones políticas que se entregaron a su yerno, a Tomás Ruiz y Miguel Ángel Yunes –gobernador panperredista de Veracruz–, respectivamente, y se le apoya para la creación del partido magisterial, Nueva Alianza, confirmándose aquello de "que mal paga el diablo a quien bien le sirve".

En las actuales condiciones las cosas no serán distintas y la resistencia de la nomenclatura tendrá que ser más feroz para impedir el cambio que se avecina, pues López Obrador, con la congruencia que sólo la da la honestidad, la dignidad política y la ambición de servir con humildad, ante la tragedia que enluta al país y la indignación social, proclama que de los miles de millones que reciben los partidos políticos, 50 por ciento se destine a la restauración de la crisis sísmica. Y de inmediato surge la inconformidad de los otros partidos que lo apuntan como oportunista y de que se violenta la Constitución porque no lo permite; el propio Instituto Nacional Electoral se pronuncia en contra. Sin embargo, ante una sociedad encorajinada, sale a manifestarse a su favor ante la emergencia y los demás partidos van más allá, con el abyecto propósito de quitarle esa bandera; esto es, el populismo es dañino si lo señala quien siempre ha manifestado "que sólo el pueblo, salva al pueblo", pero si lo anuncian sus adversarios, recobra la magistratura de la decencia.

En ese tenor, ahora todos esos partidos reacios a "entrarle al toro por los cuernos" manifiestan su disposición a renunciar a todos los recursos que les brinda el Estado, sin importarle el peligro que representa que, siendo México un estado fallido, los factores reales de poder, narcopolítica y demás intereses que concurren –las televisoras ya tienen representantes en las Cámaras– esos recursos se destinen a la reconstrucción nacional, sin un proyecto lógico y jurídico, en clara actitud oportunista y en extremo mediocre, que habla mal de su desfachatez ante la penuria de la nación.

¡Bien! Que haya coincidencia de llegar a la raíz de la crisis pero sin exabruptos o sobresaltos que propicien, alienten o alimenten mayor corrupción, si se toma en cuenta que no existe, ni ha existido voluntad ni capacidad política para ese cambio, al demostrarse en los hechos que la confianza se ha perdido de manera exponencial y que no se avizora el menor respeto por las instituciones que están en el extremo del colapso; es decir, la esperanza es que el sismo y las demás crisis que se presenten sean de crecimiento y no de agonía, pues el horno no está para bollos.

limacobos@hotmail.com / Twitter:@limacobos1