Política

Matar a lo mejor de la humanidad, sus mujeres

septiembre 18, 2017

Este país anémico, consumido por la persistente mordida de una plutocracia política parasitaria, hematófaga, el dolor cala, abruma. Un dolor evitable si tan sólo la sociedad manifestara su repudio sin concesiones a la hora de votar. Una sociedad agredida, lastimada en carne y alma, aquejada en los comicios por el síndrome de Estocolmo que identifica a la víctima con su victimario.

Ayer en Xalapa, el Zócalo de la Ciudad de México marcharon mujeres y hombres para repudiar la insidiosa impunidad que se ceba sobre las mujeres del país. Decenas de miles de mujeres asesinadas en por el hecho de serlo desde que en 1993 se hiciera pública la barbarie misógina de Ciudad Juárez.

Hace tiempo que las autoridades validadas por este sistema de reproducción política tramposo son incapaces de todo, excepto el trampear o acordar alternancias mañosas y falaces.

Rita Segato, antropóloga brasileña, entiende a los feminicidios como un problema que trasciende a los géneros para convertirse en un síntoma, o mejor dicho, en una expresión de una sociedad que necesita de una "pedagogía de la crueldad" para destruir y anular la compasión, la empatía, los vínculos y el arraigo local y comunitario.

Dice la doctora que la violencia en contra de las mujeres, los homosexuales, los transgéneros no son otra cosa que el disciplinamiento de las fuerzas patriarcales que se imponen a todos. Sí.

Pero hay un aspecto paralelo que si bien puede derivar de esa imposición patriarcal, tiene dinámica propia. Esto es el acuerpamiento de una mentalidad antipática e individualista alimentada por una concepción que justifica un modelo de vida y económico. La obsesión por la individualidad competitiva, el éxito de la posesión, sea de riqueza, objetos, cuerpos o maldita la cosa.

A riesgo de simplismo, esa mentalidad patriarcal que soporta la ideología del sistema redunda en la deshumanización de todo lo otro que no es "yo y lo mío". El completo extravío de la conciencia del ser por la satisfacción del "mi".

Pasamos del matriarcado al patriarcado fue el tránsito que permitió las distorsiones formativas grotescas de la historia de lo humano.

La humanidad dejó de comprender por analizar. De entender por dominar. Dejamos lo integrativo por lo posesivo. Borramos el nosotros matriarcal por el mío masculino. Y sí, es algo que trasciende el género. Hemos borrado lo matrístico, lo humanista, lo empático que coloca como valor principal a las personas, que no al uno mismo: amor, igualdad, consenso, comunión, cooperación, austeridad, altruismo, comunidad borrados de toda consideración para privilegiar dominación, desigualdad, violencia, individualismo, competitividad, jerarquía.

Es una distorsión que nos ha puesto a la vera de una catástrofe probablemente sin retorno.

Esto es esencialmente la ideología del capitalismo, pero en los últimos 40 años en la disolución de casi todo principio colaborativo en honor a la satisfacción inmediata del deseo que lleva a la catástrofe. A la irritante presencia de una élite gobernante ajena, indiferente, pero sobre todo inútil para gobernar y asegurar lo más básico que justifica y explica el vivir en sociedad: la seguridad de los individuos que la forman.