Sociedad y Justicia

País de muertos

septiembre 17, 2017

Pobre de aquel que viviendo en

un país sin justicia tenga razón.

Quevedo

Ha sentenciado con acierto George Steiner que antes del nazismo el infierno era sólo un lugar imaginario, en efecto, la devastación que este hecho dejó con la lamentable pérdida de vidas humanas así lo confirma. El infierno en la tierra sin cortapisas.

En México, específicamente en aquellas regiones con el sicariato como telón de fondo, se vive una situación también infernal porque se mata a mansalva, sin miramientos, a sabiendas que la connivencia y la impunidad terminarán por emitir su irrevocable veredicto. Este es el manto que cubre a los muertos y a las familias que han caído en desgracia. En tal sentido, Edgardo Buscaglia ha dicho: es una vergüenza que sean los periodistas quienes investiguen los casos de violencia en México en lugar de las autoridades que han sido designadas para tal fin.

Por eso, es una de las mayores desgracias saber que a casi tres años de la muerte de 3 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y de la desaparición de otros 43, las diversas instancias gubernamentales hayan hecho poco o nada para esclarecer a cabalidad estos lamentables hechos, en cambio se han encontrado más cadáveres cuya identidad es probable que se desconozca aún. Por eso, también, es de llamar la atención que varios intelectuales y académicos, nacionales y extranjeros, interroguen con vehemencia en los siguientes términos: ¿De qué tamaño son las fosas en México, cuántos más caben en ellas?

Asimismo, quienes asesinan en este país tal parece que han perdido todo vestigio humano, se asemejan a ese otro monstruo villista llamado Rodolfo Fierro y al que hace alusión Martín Luis Guzmán en el cuento La fiesta de las balas, quien en un arranque de crueldad infinita asesinó sin aspavientos a trescientos Colorados, soldados del bando contrario, es decir orozquistas, para después "entregarse a la dulzura de un suave masaje" de la mano que empuñó el arma inmisericordemente.

¿Por qué tanta saña enquistada en el país? ¿Por qué tanta barbarie en este otro tren de la Muerte que amenaza con llamarse México? ¿Cómo ponernos a salvo de los abismos? ¿Pueden la cultura y las artes atenuar este estado de cosas? ¿Por qué no apelar a ésta u otras opciones por sensatas o modestas que parezcan? ■

Más notas de Lucio Gómez Pazos