Política

Belicismo, apropiación cultural y monopolio mediático los ejes de la dominación mundial

septiembre 10, 2017

Ya nadie, mucho menos los jóvenes, se acuerda del Informe McBride "Un solo mundo, voces múltiples", publicado en la década de los años 70, ha desaparecido del vocabulario de los centros de enseñanza la palabra "imperialismo" y se ha sustituido por la lucha contra la pobreza; Netflix forma parte de la maquinaria cultural que busca hacer que la gente aborrezca la política, "porque es una mierda" y por lo tanto es mejor dejársela a los políticos que estén dispuestos a traicionarse, asesinar o cometer las peores vilezas.

En el viaje, esa maquinaria ideológica basada en la concentración de los medios y apuntalada por las nuevas tecnologías, que además controla al mundo, como lo advirtió el premio Nobel de la Paz y Premio Lenin de la Paz, Sean McBride, ha emprendido una histórica e inédita campaña para desacreditar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, como nunca antes se ha visto.

Estas son algunas consideraciones del investigador mexicano Fernando Buen Abad Domínguez, quien realiza un puntual seguimiento a la evolución de la inicial manipulación mediática del imperialismo, basada en consideraciones geopolíticas de la Guerra Fría, hacia la dominación mundial por medio de la industria militar, de los bienes raíces y la apropiación de los bienes culturales de la humanidad, teniendo como eje la influencia de los seis grandes corporativos mediáticos que concentran casi la totalidad de los más influyentes medios de información del planeta.

En el foro "De la Guerra Económica a la Guerra Mediática", organizado por la Embajada de Venezuela, el catedrático que realiza una investigación al respecto en la Universidad de Lanús en Argentina, afirmó que todo ese enorme y poderoso aparato se ha puesto en marcha para desacreditar y distribuir fake news en torno a la república bolivariana, a fin de crear las condiciones de una intervención armada del gobierno de los Estados Unidos, sin embargo, también consideró que en México hay una gran solidaridad con aquella nación, lo mismo que en otros países latinoamericanos, los cuales exigen respeto para su libre determinación.

11 golpes de estado, en lo que va del siglo XXI

Para entender lo que sucede en Latinoamérica, pues en lo que va del siglo XXI se han registrado 11 golpes de estado, el investigador mexicano propone considerar que el capitalismo ha declarado una guerra devastadora a la humanidad, que demanda de parte de todas las naciones presentar un frente unido que distinga entre las payasadas del gobernante estadunidense, de las reales intenciones de los dueños de la industria militar, "que están dispuestos a todo".

No es posible separar la guerra económica de la mediática, porque ambas se retroalimentan y tienen como propósito por un lado entrar a la conciencia de la gente, pero también justificar la ideología y la acción imperialista de los Estados Unidos que comenzó al término de la Segunda Guerra Mundial, tomando como punto de partida la ignominiosa decisión de arrojar bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki como una excesiva manifestación de fuerza, cuya dolorosa tragedia es necesario mantener viva en la memoria colectiva, expuso.

Aquel fue el inicio de una estrategia de dominación global en la que los Estados Unidos se presentaron al mundo como triunfadores y modelo a seguir, como policía y poder único, para lo que requerían la instrumentación de una estrategia de publicidad a fin de convertir a los pueblos en consumidores de sus valores e ideas y que hicieran suyos ese exógeno paquete ideológico.

El imperialismo estadunidense necesitaban pasar de la guerra territorial a la ideológica para lo cual, desde 1945, aceleró su presencia en los medios de comunicación e hizo que en los años 70 surgiera en el mundo una organización de países no alineados, que ya en 1973 planteaba la urgencia de un nuevo orden económico mundial.

En ese periodo, dijo, ya era desastroso el paisaje, por lo que había que proponer de manera urgente y diferente un nuevo orden de la información. Habían nacido agencias mundiales como enormes e influyentes maquinarias de producción de información que contaban con el permiso de los gobiernos y se habían convertido en fuerzas supranacionales para el control de la población y de las naciones mismas.

Pero en 1973, algunas personas dignas trabajando en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) decidieron hacer un informe mundial sobre la comunicación y la cultura. Tomaron el reto y plantearon la realización de un informe consultivo mundial que se realizaría región por región. Tal tarea se encargó al irlandés Sean McBride, un luchador por los derechos humanos y la dignificación de su pueblo con un gran prestigio y respeto.

De su trabajo surgió el informe que lleva su nombre y se convirtió en documento recomendable para entender la guerra mediática que se llevaba a cabo. En 1980 advirtió sobre la expansión e influencia de los monopolios mediáticos y su poder para convertirse en amenaza para las democracias al ser poderes supranacionales que gobiernan induciendo a la población a aceptar sus valores culturales y políticos como mercancías.

De ahí tomó fuerza la consigna falsa de que los medios son el cuarto poder, pero sin ninguna legitimación de base popular y que se estaba convirtiendo en una amenaza para las democracias. McBride advirtió que ante esa amenaza hacía falta la construcción de una corriente crítica fuerte frente al discurso de los medios masivos como amenazas a la democracia y a la diversidad de las voces.

El nuevo informe de la Unesco: irrupción de industrias culturales

Buen Abad Domínguez refiere que en 2015 aparece otro informe de la Unesco, que retrata lo que llama las industrias culturales en el mundo, una evolución en el sentido de dominación que ahora iba por convertir a la cultura como patrimonio cultural de la humanidad, en una industria dominada por dos grandes fuerzas: por un lado las mafias inmobiliarias y por otro el turismo.

Ambas buscan adueñarse de valores históricos como el Templo Mayor de la Ciudad de México para poner cerca un hotel y que el turista contemple desde su cuarto los vestigios arqueológicos, para lo cual traen las bolsas llenas de dinero. Eso mismo sucede en todo el mundo cuando todas las pirámides son vistas como objetos de esa industria cultural y turística, que puede ser apreciada desde un cuarto de hotel sin necesidad de salir a la calle; eso mismo ha sucedido con las pirámides de Egipto y con todo el patrimonio cultural mundial del cual han levantado un inventario minucioso.

Con ese argumento falso aseguran que ese patrimonio cultural se ha conservado gracias a ellos y han evitado que se destruya como otros por el tiempo o por accidentes como el ocurrido en Bagdad, donde las invasoras fuerzas militares estadunidenses saquearon un inmenso tesoro arqueológico patrimonial para convertirlo en colección privada.

De ahí dicen que las industrias culturales tienen el derecho de proteger y para ello conseguir inversión particular para su resguardo, aunque el fin es convertirlo en negocio turístico y de bienes inmuebles. Hay miles de millones de dólares en esta industria y una nueva cara son los documentales que aseguran generar miles de empleos "nobles" gracias a esa reconfiguración mundial de las industrias culturales y sus herramientas de publicidad.

El académico refirió que en su informe, la Unesco advierte del saqueo cultural y la neoliberación de la cultura con todo lo que implica autorizar a agencias de publicidad, películas o documentales el poder hacer de la cultura un espectáculo turístico.

Guerra como industria mundial

La otra cara de la industria mundial es la inversión en las guerras. En cualquier parte del mundo se ve cómo los EU negocian con la "cultura de la muerte". Hay subindustrias que funcionan alrededor del belicismo y que a su vez generan investigación en distintas ramas como en la textilera para crear los informes, en óptica para visión nocturna o aún más especializada y en todo ello hay una gran investigación científica.

Se inventan nuevas armas, se venden y actualizan permanentemente para crear nuevas necesidades a tal grado que esta es la primer industria mundial que estima crecer en 17 por ciento más en los próximos 15 años, sólo que a costa de significar un atentado a la vida humana. Aquí es donde confluyen la guerra económica, la militar y la mediática.

La gran industria para la que trabaja Trump

Recordó esa memorable imagen del presidente de los EU con los jeques de los Emiratos Árabes, donde no existe la democracia por cierto, a quienes como buen vendedor les vino a ofrecer sus más avanzados aparatos bélicos. Junto a ello está la red mundial de cables de comunicación submarina, la telaraña mediática que transita por Internet, los cientos de satélites que rodean el mundo –cuyo dueño de 80 por ciento de ellos es Estados Unidos– que además son utilizados en la industria del entretenimiento, pues por ellos pasan los partidos de futbol.

Toda esa enorme y poco conocida red mundial multicomunicacional dominada por EU tiene como propósito paralelo servir en la disputa por fuentes energéticas, los hidrocarburos, minerales valiosos y el agua, y por ello se entiende la crudeza del ataque contra Venezuela.

La hiperconcentración de medios

Fernando Buen Abad reveló que los 6 mil medios del planeta mas importantes pertenecen sólo a seis grupos en un proceso que inició en 1983 y que se ha venido acentuando, en el que todos ellos tienen alguna conexión con Israel y tienen como sustrato la investigación y el desarrollo de marcas y mercancías asociadas de alguna forma con la industria militar.

McBride había vislumbrado ese proceso y advirtió sobre la necesidad de crear un nuevo orden mundial y que el tema de los medios se convirtiera en primordial agenda política de todos los órdenes de lucha, porque, disfrazado de entretenimiento o espectáculo y difusión cultural, hay un esquema de manipulación.

Un nuevo Plan Cóndor mediático

Es fácil verlo en los ataques del periódico El Clarín contra Cristina Fernández de Kirchner o a Nicolás Maduro y su campaña de desinformación contra Venezuela, cuando menoscaba la real reserva petrolera de la nación bolivariana como una forma de sabotaje ideológico.

La pregunta es aceptar o no si hay una guerra mediática

Mucha gente dice que no es cierto, que es paranoia y conspiración. Sólo hay que recordar que en lo que va del siglo XXI hubo 11 golpes de estado en la región y en ellos trabajaron los grupos mediáticos disfrazados de representantes de la prensa libre.

Recordó que en Latinoamérica los pueblos han construido sus propias experiencias de revolución comunicacional, desde la caída de Tenochtitlán hasta el presente, y es importante hacer un "atlas continental de las luchas", considerando en ello el Muralismo mexicano, la canción en Venezuela, la prensa obrera, campesina los movimientos indígenas y otras expresiones de combate comunicacional de los pueblos como ejemplos de una comunicación emancipadora.

Netflix, una novedosa y poderosa maquinaria de guerra ideológica

El imperialismo ataca la cabeza de la población con tres ejes. Primero crea una "fábrica de producir miedos", luego promueve el consumismo y culmina con la promoción del individualismo una triada completa que se puede observar por medio de estudios de estadística y merece una investigación especial.

La empresa instala en la cabeza de cada individuo esos tres ejes. Pero hay ejemplos claves como la serie House of Cards, que se basa en un proyecto semiótico derivado de la "antipolítica", que promueve ver dicha producción como un entretenimiento para convencernos de que la política es "una porquería y una mierda", en la que todos los políticos son lo mismo. Eso da un mayor resultado en los jóvenes a quienes les genera apatía por el discurso que ahí se produce.

Así la política se ve como traición, componenda y corrupción, y busca alejar de la política a la juventud con el argumento de que sólo los cerdos y los sucios están habilitados para ello, aseguró el investigador, tratando de convertirla en algo ajeno y despreciable cuando debiera ser exactamente al revés.

Por eso sugirió que Netflix tiene que estudiarse como una herramienta ideológica. En sus programas fortalece el proyecto de la narcocultura como una máquina de guerra para resignarnos, dejar el espacio para el debate social y que domine lo que hay que olvidar.

Por ejemplo, en una serie de televisión, The Good Wife, aparece el finado Hugo Chávez como un político corrupto de Venezuela al que le ofrecieron dinero como soborno, pero luego quería más. El objetivo es que ese público que se espejea en esto se conduzca a un estadio complejo y peligroso que obligue a las personas a decir: "por favor, alguien haga algo con ese dictador y resuelva el infierno de Venezuela".

En ese contexto, hay núcleos semióticos que revelan cómo se generan ideas y contenidos en los medios. Ese aparato insiste en plantar la idea de que vivimos en la posverdad, en el atardecer de la razón, que existe porque ellos generan la plus mentira, en la que a cambio inventan sus "verdades mentirosas", sentenció.

Esclavos que agradezcan serlo

La lógica de todo este aparato ideológico imperialista es convencernos de que además de ser esclavos, tenemos que agradecérselos; que una vez agradecidos seamos mansos; que su aparato ideológico les da la razón y que por ello debemos heredar su discurso, tomarlo como valor espiritual para heredarlo a nuestros hijos.

En ese punto, de acuerdo con el investigador, ya no necesitamos que nos mientan y no creemos necesario cotejar lo que nos dicen con la verdad social. Ya nos pasó una vez en el confesionario cuando nos convencieron de que somos y nacimos pecadores y que debíamos autocastigarnos, en una lógica de la culpa que nos hizo crecer apocados y miedosos.

Tal es el punto de generación ideológica que se debate actualmente. Hoy, por donde quiera se escucha Venezuela y sobreviene una reacción alérgica en contra, en virtud de ese proceso de implantación que hacen los medios. Es imposible decir "Nicolás Maduro" sin que haya una dosis de odio, un sentimiento de rechazo a ese país bananero.

Esos son los resultados de la operación mediática mas grande del planeta, que ha roto todos los retos en minutos de radio y TV o espacios en redes y periódicos, gracias a esa red de control informativo ideológico.