Política

La pobreza que nadie quiere ver

septiembre 01, 2017

En Veracruz, la pobreza se ha consolidado como una especie de sinónimo del cual los gobiernos en turno echan mano para pretextar su bajo rendimiento o en la presente administración para darle sostenimiento a los atajos con los que suele acusar –en este caso con sobrada razón– a los gobiernos anteriores como los responsables en la desproporcionada caída de las condiciones de alimentación, servicios básicos, salud y educación que indignamente coloca a Veracruz como el primer estado de la república con el mayor número y crecimiento de los niveles de pobreza de su población.

Cifras del Coneval revelan que durante el último año de Javier Duarte, poco más de seis de cada 10 veracruzanos viven en condiciones de pobreza debido a la precariedad y depresión de la economía estatal, la falta de inversión pública y, sin dudas, la depredación que sobre el erario realizó la administración duartista y que colocó a cinco millones 49 mil personas en dicha situación.

De este gran total, el Coneval reveló también que en seis años, el 16.4% de la población de la entidad vive en condiciones de pobreza extrema y que en el sexenio duartista dicha estadística disminuyó apenas un dos por ciento, cifra por demás alarmante si se compara con otras entidades como Puebla, en las que prácticamente se redujo a la mitad la población en esa circunstancia.

Entre 2014 y 2016, 4.2% de veracruzanos ingresó en el oscuro umbral de la pobreza, lo que dicho en cifras duras indica que en tal periodo, 415 mil 300 personas dejaron de estar en condiciones mínimas de bienestar para ocupar un sitio en esa estadística vergonzante para la entidad con mayores recursos naturales del país.

El problema asociado a la pobreza se relaciona directamente con la manipulación de las necesidades básicas de la gente y abre la puerta a conductas delincuenciales ligadas directamente con la desesperación por llevar algo de comer a la familia pero también con al desaseado uso de los cuantiosos recursos asistenciales para fines partidistas como suele acontecer cada vez que hay elecciones.

De hecho, hasta resulta conveniente para los gobiernos en turno la existencia de un gran número de la población en condiciones de pobreza, pues en esa misma proporción es manipulables por medio de los programas de alimentación, apoyo a familias en condiciones de precariedad y a los adultos mayores.

Ya se ha visto cómo es que los gobiernos de todos los colores suelen aprovecharse de la necesidad de la gente para cambiar por votos los apoyos institucionales para paliar la marginación. Por ello resulta imponderable que la entrega de tales recursos se haga de la manera más transparente posible y con la observación de la misma ciudadanía para evitar que la pobreza se convierta en moneda de cambio por boletas electorales.