Política

Gobierno, gobernación y seguridad pública

agosto 30, 2017

Hice la Canacintra xalapeña que la seguridad pública no tiene horario. Es correcto, la seguridad pública es una tarea y una condición sin horarios. La acotación empresarial obedece a la idea del gobernador Miguel Ángel Yunes de que las tiendas de conveniencia debieran contratar seguridad privada a partir de las 22 horas.

La labor de seguridad pública, además de sus limitaciones estructurales, debe hacer frente a la degradación habida en la última década que exacerbó la violencia con la obtusa idea de que el tráfico de drogas se combatía por medios directos a partir de la criminalización del trasiego y el de consumo drogas.

Jamás en la historia de las sociedades humanas prohibición y criminalización han servido para desalentar nada. Es el fracaso de la década de la guerra contra las drogas que propiciatoriamente los gobiernos mexicanos han ofrecido al estadounidense. La historia de las sociedades está llena de ejemplos al respecto. La prohibición de las décadas 20 y 30 del siglo pasado son ejemplos lapidarios.

El esquema por el que han optado los últimos gobiernos es probadamente un fracaso y es por eso que es preciso cambiar el paradigma: privilegiar la información, educación y atención entre la población consumidora potencial antes que cualquier consideración de criminalizar. Las drogas son un fenómeno civilizatorio y forman parte de la historia de la humanidad, lo mismo que las drogas recreativas. Negarlo es peregrino.

Pero el esquema usado ha tenido consecuencias graves y de crecimiento geométrico a largo plazo. Una sociedad traumatizada por el horror, la muerte violenta y lo aleatorio.

Es obligación del Estado proveer seguridad a los gobernados, sí, pero también es obligación de gobernados y grupos de interés, crear condiciones de seguridad y certidumbre propias frente a lo evidente: las limitaciones presupuestales y operativas de los cuerpos de seguridad. Salvo por circunstancias específicas, la tarea de seguridad pública nunca es personalizada. Es por zona y sectorizada. De otra forma sería imposible de operar.

Las tiendas de conveniencia son, aquí y en el resto del mundo, blanco fácil para asaltos. La autoridad tiene obligación de darles márgenes de seguridad generales aceptables, no pueden ser específicos.

En Xalapa existen por lo menos tres cadenas de tiendas de conveniencia a las que los gobiernos estatal y municipal deben proteger en general por zona. Ninguna administración tiene capacidad de ofrecer seguridad puntual en tales negocios.

Pero la Canacintra tiene un punto cuando afirma que el gobierno no puede decidir unilateralmente la forma de resolver el asalto a comercios. Porque el problema son los asaltos, no los robos.

Ésta es una buena ocasión para dar tratamiento público a un problema de interés público que reclama ser públicamente ventilado.