Política

¿Habrá elecciones? Lo que diga mi dedito

agosto 29, 2017

Amenos de 15 días de que arranque formalmente el proceso electoral de 2018, el panorama general continúa opaco y con tintes antidemocráticos, ya que las operaciones de los partidos políticos y el acomodo de sus piezas de cara a las elecciones más caras de la historia moderna, nos recuerdan que la calidad de nuestra democracia es uno de los pendientes menos atendidos en México. La poca transparencia, la designación arbitraria de virtuales candidatos (mejor conocida como dedazo) y la simulación al interior del sistema de partidos, son prácticas que dañan severamente la vida pública del país.

Lo que ha sucedido con el frente amplio opositor convocado por el PAN y PRD, es prueba de lo anterior. Además de obviar la creación de un manifiesto donde plasmaran los lineamientos y finalidad del frente democrático, los nulos resultados que ha tenido desde su anuncio hacen evidente que, de concretarse algo, será gracias a un acuerdo por debajo de la mesa entre el sol azteca y Acción Nacional, rechazando de tajo la participación ciudadana en y durante su desarrollo.

Ya Miguel Ángel Mancera declaró que solicitará licencia a finales de octubre para separase del cargo y así buscar la presidencia el próximo año. De esta forma no sólo alza la mano para ser el candidato común del frente, también deposita una presión más sobre Ricardo Anaya, quien sabe que es poco probable que la candidatura de Mancera tenga éxito por sí sola, pero que dejarlo contender sin alianza puede traducirse en la pérdida de valiosos votos para el partido blanquiazul. Escenario que puede aprovechar muy bien AMLO, a quien le favorece generosamente una contienda fragmentada y sin coaliciones. Ante esto, es complicado concebir un ejercicio plural en la que la ciudadanía participe efectivamente.

A propósito, vaya simulación que están experimentando los "protagonistas del cambio verdadero" de la capital. Y es que la encuesta que se dio a conocer el pasado jueves, que prácticamente destapa a Claudia Sheinbaum como candidata a jefa de Gobierno de la CDMX, nos enseña que el dedito de López Obrador, al mismo tiempo de ser empleado como una forma cínica de responder a los cuestionamientos que se hacen, es un instrumento del régimen autoritario de Morena. Estoy de acuerdo con que la Ley General de Partidos Políticos no les obliga a exhibir la forma en que llevan a cabo sus procesos internos, empero, si todo fue apegado a la voluntad de la militancia ¿Qué les cuesta dar a conocer la metodología, indicadores, muestra y diseño de instrumento? La educación cívica comienza en casa.

No me malinterprete, estimado lector, no descalifico la capacidad ni la inteligencia de la delegada de Tlalpan. Sería una buena jefa de Gobierno. No obstante, son estas mismas razones que me impiden imaginar qué clase de enojo consigo misma debió sentir Sheinbaum cuando mencionó que la molestia ante este evidente dedazo es consecuencia de su condición de mujer, desplegando un discurso de violencia de género inverosímil y absurdo. Hágame el favor.

De más está decir que no es el caso. Es cierto que nuestra sociedad padece una tremenda inequidad entre hombres y mujeres en diferentes ámbitos. Sin embargo, pretender maquillar con un tema real y doloroso el hecho de que la delegada fue beneficiada de forma discrecional, es una falta de respeto hacia la militancia del partido y a los ciudadanos. Si los adeptos de Morena pasan por alto esto, allá ellos, pero no debe hacerlo así el resto de nosotros. La perpetua crítica hacia esta clase de prácticas antidemocráticas al interior del PRI por parte de AMLO, y que su partido sea acusado de lo mismo, le restan credibilidad a su persona y a su campaña. Peor aún: nos demuestra que no existe diferencia alguna entre partidos políticos.

Ahora bien, si de simulaciones hablamos, qué decir del Revolucionario Institucional. La XXII Asamblea Nacional que se llevó a cabo hace unos días en la Ciudad de México encabeza la lista de lo infando. La apertura para que el PRI arrope candidatos a la presidencia de la República sin militancia es una mera apariencia de una decisión que finalmente queda en las manos del Ejecutivo nacional. Si bien el presidente ya no elige a su sucesor, sino al candidato de su partido, es claro que la necedad sigue siendo una constante al interior del tricolor. Sus excesos y parafernalias auguran su fracaso. La falta de real autocrítica al interior del PRI, así como de sus funcionarios e instituciones, nublan hasta lo que podríamos aplaudir de su proyecto de nación.

El tiempo continúa su carrera, existe el riesgo de que la prisa nos alcance y este proceso electoral esté confinado a ser un ejercicio vacío. En 2018 habrá elecciones por primera vez en 30 entidades federativas. Esta particularidad debe servir como referencia a los ciudadanos que creemos que la segunda vuelta electoral es una alternativa para renovar el sistema de partidos, dotar de legitimidad a los candidatos que aspiren y alcancen un cargo público, obligar a que se formen gobiernos de coalición y que prácticas como el dedazo ya no sean pericias útiles para elegir a los próximos gobernantes. Y eso, precisamente debe comenzar en los congresos locales ■