Política

Barandal

agosto 24, 2017

w 6 días en huelga de hambre w El circo de Javier Duarte w En la antesala del suicidio

Escaleras:

Si hemos de creer en su huelguita de hambre, Javier Duarte cumple hoy seis días sin probar alimentos. Acaso, con suero inyectado en las venas. Tramposo y mentiroso como fue en el trono imperial y faraónico, a escondiditas estará comiendo, quizá, para demostrar al mundo que no obstante su panza es un hombre espartano, casi, casi, gladiador romano.

Una huelga de hambre, se sabe en el planeta, es el único instrumento de lucha social de los pobres, los jodidos, los excluidos y los hambrientos de justicia, con todo y que, según parece, ni una línea hay en el relato bíblico sobre un huelguista de hambre, quizá porque la vida la consideran un bien preciado.

"Y con la vida, dice el proverbio ranchero, no se juega", aun cuando al mismo tiempo, el hambre en las regiones indígenas y campesinas suele dar "muchas cornadas".

El medio millón de habitantes de Veracruz que todos los días hace sólo dos comidas (según el Coneval) y los seis de cada 10 paisanos en la pobreza y la miseria (otra vez el Coneval) se estarán pitorreando de Duarte con su huelguita.

Pero, bueno, Duarte cree que así logrará frenar lo que llama "cacería de brujas" y "persecución política" de los suyos, tanto la familia como los secretarios y demás del gabinete legal y ampliado.

Desde luego, así lleve la huelga de hambre al extremo, incluso, arriesgando la vida, mejor dicho, muriendo (si es que él mismo aguanta el trance), la justicia, la justicia a secas, ha de aplicarse. Lo dice el chamán: "El que a hierro mata, a hierro muere", y si todos ellos "ordeñaron la vaca", lo más aconsejable es "devolver el dinero robado" y alistarse para dormir un tiempecito en el penal de Pacho Viejo.

El góber azul, está claro, con todo y huelga de hambre es y será inconmovible. Y Enrique Peña Nieto, que tanto necesita a Duarte en el tiempo del llamado Sistema Nacional Anticorrupción, con más razón dejará que los estragos del hambre afecten tanto la salud física como la salud mental del ex góber tuitero.

Pasamanos:

Ricardo Flores Magón, Filomeno Mata, Francisco Zarco, Benito Juárez, Melchor Ocampo, Francisco I. Madero y Pancho Villa, entre tantos otros héroes de la historia, estuvieron presos y nunca se fueron a una huelga de hambre.

Dante Delgado Rannauro también estuvo preso en el penal de Pacho Viejo y nunca se le ocurrió una huelguita de hambre. El panista Luis H. Álvarez se declaró en huelga de hambre durante 40 días y 40 noches en Chihuahua protestando contra el fraude electoral de 1982.

Las huelgas de hambre más famosas de la historia son, entre otras, las siguientes:

210 días en huelga de hambre de Samer Issarez porque le dictaron 26 años de condena por un intento de asesinato. 50 días en huelga de hambre de unos prisioneros palestinos presos sin juicio de por medio. 120 días del español David Villafaña porque fue encarcelado por un asesinato del que era inocente. 66 días del palestino Khader Adnam, detenido por un simple asunto administrativo.

Histriónico y bipolar, para Javier Duarte "la panza es primero" (Rius), y si en verdad está en huelga de hambre, estará sufriendo el peor infierno de su vida.

Y lo peor, ninguna posibilidad de que sea escuchado en su demanda cuando de por medio hay tantos agravios en Veracruz, el peor, los muertos que dejó en el panteón y los muertos en fosas clandestinas y los desaparecidos, cuyos familiares (Solecito y Colectivo) los siguen buscando.

Y ni se diga, el saqueo oficial del que ha sido acusado tanto él como su familia como parte de sus colaboradores.

Cascajo:

Luego de la noticia televisiva de que el jueves 17 en la noche iniciaba la huelguita de hambre en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, ningún medio impreso, hablado y digital le ha dado seguimiento.

Es lógico y natural. En términos generales, para la prensa una huelga de hambre merece titulares cuando el huelguista lleva, digamos, unos treinta días, o más, cuando la entereza física, cierto, pero más aún, la moral, está mostrada y comprobada.

Mientras (y a menos que pague un espacio en los medios), que siga sin comer, sin pena ni gloria en el carril mediático. Mucho, claro (y si es cierta la huelga), estará Duarte sufriendo.

En el trance, por ejemplo, recordará las veces cuando iba con Anilú Ingram Vallines a comer tacos parados en la avenida Américas, en el puerto de Veracruz, y en donde feliz de la vida por la grata compañía solía atragantarse. Ahora, ni modo, la sentencia bíblica lo alcanzó con la frase memorable aquella de que "los carniceros de hoy serán las reses del mañana".

Y con su huelga de hambre, a nadie convence. Incluso, sólo ha servido para el pitorreo. Una vez más ha caído en su imaginación calenturienta (como en su sexenio fatídico) de crearse un mundo color de rosa.

Desde luego, está canijo aguantar seis días sin comer. Y más, cuando se es tragón por naturaleza. Según Duarte, el góber azul ha montado un circo a su alrededor con la persecución política. Pero al mismo tiempo, Javier Duarte ha levantado su propio circo. Después de la huelga de hambre, y dado su proclividad depresiva, sólo resta el suicidio.