Política

Estrés

agosto 21, 2017

El viernes de la semana pasada, el secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié, se dolió con los reporteros que lo inquirían por sólo poner énfasis en lo negativo y nunca preguntar por los logros que sí se han tenido.

Bien, es entendible que el secretario y el resto del gobierno involucrado activamente en tareas de seguridad pública se sientan presionados por la sociedad y por la prensa por los magros resultados en esa materia. Pero yerra el secretario en su reclamo, no es el papel social de los medios informativos indagar sobre los logros gubernamentales, sino por los resultados de sus políticas frente a la percepción que tiene de ellas la sociedad. Lo que pide el secretario son relaciones públicas y ésa es función de las oficinas gubernamentales de prensa, no de los medios informativos.

En democracia, el ejercicio de gobierno debe ser completamente transparente, imperativo que continuamente es evitado o diluido por los gobiernos precisamente porque confronta lo que los gobiernos dicen de sí mismos y la realidad donde actúan, con los resultados y la precepción que la sociedad tiene de la realidad frente lo que el gobierno dice de ella. Siempre son disonantes.

Los logros a los que alude el secretario Téllez deben ser dados a conocer por su oficina de prensa, ciertamente se reflejarán en los medios informativos. Pero el papel de los reporteros y los medios informativos es inquirir, investigar y enfrentar al gobierno con la percepción pública. Si no existe ese incómodo elemento para las autoridades, no hay democracia y mucho menos transparencia.

Ser funcionario de gobierno supone estar sujeto al escrutinio público y éste suele ser severo por una larga historia de mentiras de los gobernantes. En México las suspicacias son antiguas, pero es algo que sucede en todas las sociedades del mundo. La relación entre gobierno y periodismo siempre es tensa; si fuera tersa no sería periodismo. Así de simple.

Ahora, de esto no deriva enemistad, sólo la tensión existente siempre entre el convencido y el escéptico. Si eso no existe no hay modo de aspirar a democracia ni tampoco que permanezca. La prensa está obligada a preguntar sobre lo que los gobiernos no quieren que se les pregunte. Kapuscinski dixit. Si esto no pasa no hay interlocución entre la sociedad y el gobierno, es un monólogo que, si se permite, termina por ser auto de fe. La sociedad sabe muy bien lo que eso significa, en el mejor de los casos sólo autoritarismo y opacidad.