Política

La discusión pública

agosto 17, 2017

En Veracruz –y en el país– la paralizante debilidad institucional es un proceso en movimiento, no una mera situación dada. Se alimenta todos los días y uno de sus nutrientes importantes es esa compulsión de los factótums del establishment en negar la realidad. Un instinto tan tóxico que con frecuencia expone sin misericordia la ignorancia supina de sus expositores.

El diputado panista Sergio Hernández, presidente de la Junta de Coordinación Política, niega con envidiable aplomo que el Ejecutivo o la Iglesia Católica ejerzan presión en las decisiones del Congreso local. O el diputado panista miente, o no tiene ni soca de idea de lo que habla.

¿O para qué supone el diputado que existen los diputados? Aparte de legislar, si acaso.

Los diputados, como representantes de los gobernados encargados de legislar, tienen la obligación de estar atentos a las motivaciones y preocupaciones públicas. Son el conducto institucionalizado para captar y procesar tales preocupaciones y aunque raramente hacen tal trabajo, sí dan entrada, escuchan y tienen relaciones políticas de intercambio a otros factores de poder que lo usan para la promoción de sus intereses. Es lo normal, por cierto, y es también tarea de los diputados recibir y procesar.

Es completamente absurdo aventurar la idea de que los diputados no son influenciados por las fuerzas vivas, los grupos de interés y el entorno político. ¿A quién representarían entonces? Al querer defender al Congreso de maleabilidad, el diputado lo esteriliza y enajena. Sin mayores consecuencias, salvo la de exhibir una inquietante falta de precisión, en el mejor de los casos, ¿o qué supone el diputado que es la tarea legislativa?

El problema no es que el señor Hernández no sepa, sino que es diputado y no sabe.

Si fue por ignorancia o por la intención de embozar y negar la realidad, es irrelevante. Lo sustantivo son los reflejos de los hombres del sistema de negar no sólo la realidad, sino de ocultar incluso la naturaleza misma de los procesos políticos; lo que, por lo demás, es consistente con los reflejos en todas las esferas de gobierno por conservar en privado lo que es de interés público.

Dijo el diputado respecto al aborto que el voto de los diputados será en uno u otro sentido. Sorprendente capacidad de prognosis; por que el debate es "sobre quién está a favor de la despenalización y quien a favor de la protección de la vida desde el momento de la concepción". El diputado se extravía en aguas someras. El debate no es si se está a favor o no de la interrupción legal de la gestación o no, el debate es si se reconocen las realidades de salud pública del estado y el de las mujeres veracruzanas en condiciones de precariedad lanzadas a la insalubridad y el riesgo innecesario.

Hay una gran hipocresía conservadora cuando trata deslegitimar una decisión de interés público vital para privilegiar las consideraciones morales de una facción de la sociedad. Está muy bien que las tengan, pero que no lo está si tratan de imponerlas como argumento sustantivo de una discusión determinada por la salud pública y la seguridad de miles de mujeres a las que al negarles el acceso a un aborto legal, se las lanza el siempre incierto circuito de los espantacigüeñas o remedios yerberos no siempre bien recetados.