Política

Disolvente

agosto 16, 2017

En México, el Estado es un figura disminuida administrada frecuentemente por cretinos. Veracruz sabe de eso. Hace años que se vive aquí en violencia estructural porque los gobiernos no han podido atajar las causas detrás de la insatisfacción de necesidades humanas básicas tan elementales como la supervivencia, el bienestar y la identidad misma; atravesadas todas por los derechos humanos.

A la violencia derivada de la estratificación social, se agrega el "tremendismo" supresor de la condición humana donde lo escabroso se posesiona del diálogo. La crudeza de lo cruento como tono normalizado de las conversaciones ligeras. Asesinaron a tal o cuales, o centenares de cuerpos en fosas comunes esperan con paciencia la eventualidad de un mejor destino.

A la violencia recibida por una forma organización social extremadamente desigual que favorece a una de las partes en perjuicio de todas las demás, se suma la del conflicto entre el Estado/estado, y las empresas y organizaciones criminales. Un conflicto cuya violencia morbosa distrae y absorbe recursos materiales y sociales en cantidades prohibitivas. México es un país con 75 años de esperanza de vida, parte significativa de la población no llega a los 40 por una violencia para la que existen normas, creencias y valores que la fundamentan, a la vez que entorpecen la justicia.

Luego, los gobernados deben encajar la invasiva propaganda de orígenes gubernamentales dirigida a la justificación y racionalización de la violencia.

La exaltación por la imitación y la adquisición de cosas, por la obediencia desgarrada en la dicotomía del bien y el mal, sumada a la violencia práctica de una cotidianidad feroz, la obediencia a una autoridad difusa y sospechosa al tiempo que la importancia de la vida individual se devalúa entre escenas tétricas.

No sólo existe la violencia directa, visible, obscena de un agresor y una víctima evidentes, sino la violencia "sutil" de un Estado desdibujado administrado por autoridades ineptas.

Hay millones de heridas por curar y un alma colectiva que llevará tiempo atender para recuperar la enjundia de una sociedad donde la mayoría son jóvenes que perdieron la energía dada por la posibilidad de mejor futuro.