Política

ECP*

agosto 11, 2017

w En torno a la derecha estadounidense y su polarización

La variable Trump es fuente de bochornos para los norteamericanos medianamente educados y generoso surtidor de chistes y sarcasmos para el resto del mundo. Para México es asunto bastante más serio por dos razones: una, porque el gobierno mexicano es especialmente abyecto con Trump, Peña Nieto y su aprendiz de canciller han exhibido su impudicia al invitarlo impensadamente al país siendo aún candidato y con el silencio pusilánime cuando Trump espetó en cara de Peña Nieto un "absolutamente", como respuesta a un reportero que le preguntó si persistía su interés por construir el muro y si haría que lo pagaran los mexicanos; otra, porque en su perfil analfabeta y cimarrón no dudará en intervenir directamente en el próximo proceso electoral, lo que generará roces y tensiones impredecibles. Especialmente por la inminente precipitación del PRI, el cual tratará de salvarse cogiéndose hasta de un clavo caliente.

El escenario norteamericano no es tan complejo como tenso. La prensa liberal se ha declarado abiertamente en resistencia frente a las agresiones y descalificaciones del presidente y su equipo al tiempo que el desorden dentro de la Casa Blanca se hace evidente y Trump se empecina en negarlo a base de tweets.

Parte importante del establisment republicano, esto es, por ejemplo, senadores conservadores como Linsey Graham y John Macain, gusta de calificar al presidente Trump como una aberración, "un falso conservador que destruye con una cabalgata de mentiras los ideales de libertad individual, gobierno pequeño e impuestos aún más pequeños". No poca cosa si consideramos que el plan de salud propuesto por los republicanos para desbancar al de Obama fue derrotado en la votación por el voto en contra de tres republicanos: Susan Collins, Lisa Murkowski y el propio John McCain.

Paul Krugman, premio Nobel de economía, sostuvo en su columna de este lunes en The New York Times que la debacle republicana en el programa de salud fue la culminación de un proceso de deterioro intelectual y moral que comenzó hace cuatro décadas, en el mismo amanecer del conservadurismo moderno.

Esto es, desde la edad de oro del nuevo pensamiento conservador iniciada en 1970, cuando Irving Kristol, comentarista político, fundador y padrino del neoconservadurismo, respaldó la economía de la oferta (supply-side economics), afirmación e idea que, a decir de Krugman, fue refutada por todas las pruebas y experiencias disponibles. Decir que los recortes de impuestos se pagan por sí mismos al impulsar el crecimiento económico, por ejemplo; idea que los conservadores aceptaron agradecidos de tener una explicación para tomar de los pobres y dar a los ricos.

Krugman subraya la euforia de Kristol por su engaño aceptando haber tenido una actitud de desprecio hacia el déficit presupuestario, porque se trataba de crear una mayoría republicana, de modo que la prioridad era la eficacia política, no las deficiencias contables del gobierno.

El desprecio flagrante por la verdad sobre la economía sentó las bases para las mentiras del Partido Republicano sobre la Ley de Salud a Bajo Precio, y de nuevo hoy en su búsqueda de la revocación. En 2009, los republicanos arremetieron enfurecidos contra Obamacare por no cubrir suficiente gente mientras cerraba toda discusión sobre el cuidado de la salud universal. Hicieron que los costos por la salud fueran gigantescos al bolsillo de los gobernados y la piedra angular de su política. Atrapados en sus propias mentiras, los republicanos necesitan de muchas más, y que se las crean, para destruir Obamacare.

Krugman sostiene que una vez que se acepta el principio se vale mentir si te ayuda a ganar elecciones, cada vez se hace más difícil limitar la dimensión y alcance de la mentira, o incluso recordar lo que no mentor. El síndrome del PRI, podría decirse.

Krugman señala los orígenes de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio fue una propuesta de la Fundación Heritage de 1989 (!). Curioso, el plan por el que los republicanos pasaron los últimos siete años tratando de destruirlo, tenía raíces en una idea de uno de sus think tanks favoritos. George H.W. Bush incluso propuso un sistema de límites máximos y comerciales para regular la lluvia ácida, que en última instancia se convertiría en ley. Pero esos momentos de gracia iluminada son infrecuentes.

Lo que queda muy claro con Trump y el despliegue de cabildeos y presiones en torno a la reciente votación por la política de salud, es que los republicanos tienen décadas de perder su capacidad de pensar con claridad, y no lo van a recuperar pronto, lo que para México sugiere escenarios aciagos en el corto plazo.

*Es Cosa Pública