Política

Reservas

agosto 11, 2017

Aun con el exgobernador y parte importante de sus excolaboradores puestos en prisión, parece que en la sociedad quedara un regusto de incompletud. Entre exfuncionarios que viven el paraíso prestado del fuero diputadil y la cónyuge y presunto cerebro de parte importante de los desvíos viviendo un autoexilio de fantasía en el segundo país más caro del mundo la sociedad tiene argumentos para ser cauta con el llamado sistema de justicia. El hecho de que un exfuncionario como Édgar Spinoso no tenga causas enderezadas en su contra se explica por su colaboración con el actual gobierno y por su condición de diputado, ello no obsta para que su caso decante como uno más del amplio sistema de acuerdos informales e impunidades ampliadas en que se convirtió el sistema político mexicano a partir de finales de los 80.

Desde entonces los gobernados viven permanentemente ofendidos y defraudados con las promesas e intentos de cambio, si acaso.

La llamada alternancia federal resultó en patética simulación que mal pudo simular el acuerdo entre partidos políticos para alternarse en el poder.

Las cosas no mejoran pero siempre pueden empeorar, como sucede. La sociedad se da cuenta, lo sabe, se enoja o lo manifiesta en corto, en casa, pero es indolente. Pocas veces se organiza lo suficiente para hacer visible el descontento por causas objetivas y presiona para resolverlo.

Es más fácil cuando el agravio se ceba a grupos que comparten un interés común. En grupo amplios y diversos los individuos tienen mucha más dificultad para hallar el interés común. Aunque no debiera ser así cuando el mal afecta a todos por igual.

Entre los escándalos del entorno presidencial y la protección del sistema a exgobernadores impresentables pasan las razones del escepticismo y la cautela.