Política

Una sociedad descompuesta

agosto 06, 2017

Una nueva afrenta se endilga a la sociedad veracruzana al darse a conocer un aspecto más de los regímenes corruptos que se han enquistado en Veracruz. El estado es de los que más plazas burocráticas irregulares tiene, sólo con base en la contabilidad de la educación pública, sin husmear aún en el resto de las secretarías gubernamentales.

Enterarse de las tropelías de un gobierno es suficiente para explicar lo extendido de la metástasis corrupta que se apropia del dinero público con fines estrictamente privados. Los efectos de la corrupción son devastadores, son mucho más que el sólo lastre que provoca enormes pérdidas económicas.

La corrupción mina y socava la confianza en las instituciones y hace nugatorios los esfuerzos de desarrollo económico además de diluir la cohesión social, la imprescindible voluntad cooperativa y cualquier posible confianza en las instituciones. El principio legítimo autoridad se disuelve porque las autoridades al corromperse dejan de ser legítimas. La corrupción se materializa cuando un policía acepta o pide una "mordida", cuando un ciudadano decide que pasa nada si no hace caso del alto en un semáforo, cuando alguien acepta sobornos para apresurar un trámite o evitar una infracción, y desde luego cuando un puñado de felones se benefician de desvíos pantagruélicos del erario público. La corrupción hiere, cala hondo y alimenta la desigualdad lacerante de este país. La corrupción es vertebral de esta sociedad desigual, con pobreza y sin oportunidades, sí, pero es también el engrudo que da consistencia a un sistema político que se ha degradado a un mero acuerdo informal de complicidades. Muy extendido, eso sí. Tanto que el más importantes problema a resolver en el país porque tiene el atributo de exacerbar todos los demás problemas.

Sólo basta con voltear a ver el grotesco espectáculo de muchos gobiernos estatales y las condiciones en que viven las sociedades que han sido gobernadas por ésos. De hecho la pobreza democratizada se explica no sólo por el obtuso seguimiento de un modelo económico equivocado, sino porque tal seguimiento es alentado y garantizado precisamente por los acuerdos informales que propician el desvío del dinero público para el enriquecimiento privado de un puñado de burócratas de angora.

El vincular a proceso y resguardar en prisión a quienes participaron activamente en surtidor de corrupción del gobierno masado está muy bien. Falta, sin embargo, un par de cosas tan sustantivas –o más– como lo hecho hasta ahora: recuperar lo perdido y trascender los aspectos económicos para investigar y juzgar a los responsables de la protección a la delincuencia organizada y del devastador impacto que eso ha hecho sobre la sociedad veracruzana.

17 periodistas asesinados y tres desaparecidos siguen de las respuesta de las autoridades, más las madres y familiares de las mujeres asesinadas en el estado, y las adolescentes secuestradas y desaparecidas. Hay saldos pendientes con la sociedad que deben ser solventados y que no es aconsejable omitir.