Política

¿Por qué todos esperan que 
Javier Duarte sea absuelto?

julio 20, 2017

Disculpe mi atrevimiento, estimado lector, pero lo invito a realizar un sencillo ejercicio: eche un vistazo a sus redes sociales y lea detenidamente los primeros 10 comentarios de cualquier nota periodística u opinión sobre el proceso penal que se encuentra en vías de desarrollo contra Javier Duarte. Con seguridad y pesar, puedo decirle que al menos siete de ellos, anticipan impunidad a favor del ex gobernador de Veracruz gracias a una cadena de corrupción cuyos eslabones son los mismísimos órganos jurisdiccionales y funcionarios de los tres niveles de gobierno. Una verdadera locura.

Sin fundamentos jurídicos o argumentos libres de falacias, estas opiniones son la extensión de una mayoría de ciudadanos convencidos de que el gobierno es la cabecilla de una conspiración enorme para que el Estado de Derecho en nuestro país sea una meta inalcanzable y la justicia no más que algo inconcebible. Por si fuera poco, esta cultura de la desconfianza se transmite por igual hacia instituciones como la Comisión Nacional de Derechos Humanos (41% confía poco o nada en ella), el INE (56% confía poco o nada en él), la policía (75% confía poco o nada en ella) y los partidos políticos (84% confía poco o nada en ellos).*

El día a día de nuestra democracia, es la causante de la poca credibilidad ciudadana. En efecto, no puedes darte el lujo de ser tan exigente con una sociedad civil a la que le echas a perder el Sistema Nacional Anticorrupción, o que insultas su inteligencia multando únicamente con 918 mil pesos a la coalición que impulsó al candidato Miguel Riquelme, por haber repartido tarjetas a beneficiarios de programas sociales durante su campaña en Coahuila. Imagínese, estos dos casos corresponden sólo a las dos últimas semanas. No hay que sorprendernos si en los próximos meses, los porcentajes de incredulidad hacia la máxima autoridad electoral de México y los partidos políticos se agraven.

Todo esto guarda relación con el retorno de Javier Duarte a México. Su regreso hace aún más evidente esta actitud de animadversión civil hacia los órganos del Estado mexicano. Pareciera que todos anhelan una anomalía, por mínima o inexistente que esta sea, la cual derive en un beneficio o aparente socorro para Duarte de Ochoa y así quieran corroborar la existencia de un complot gubernamental para que el largo brazo de la ley quede manco cuando así se decida. No hay nada más dañino para una democracia en pañales (como la nuestra) que reducirla a un escenario de buenos y malos.

Créame, no tiene ningún sentido y es absurdo pensar que el presidente, jueces, fiscales y que toda persona que ocupe un puesto dentro de la estructura orgánica de los poderes de la unión, se levantan todos los días pensando en cómo joder al país. No rechazo de plano que haya sus desgraciadas excepciones, pero generalizar, en cualquier contexto, es el peor error que podamos cometer. Así como hay sujetos que violan el marco jurídico y todo modelo de sana convivencia, existen personajes que hasta el último momento se conducen con ética y legalidad, como el juez Vicente Bermúdez Zacarías, quien recibió amenazas de muerte por negar un amparo al Z-40 y denunciar a un colega suyo ante el Consejo de la Judicatura Federal por presuntos actos de corrupción. Su muerte es símbolo de convicción y patriotismo.

Por su parte, reconocidos juristas y profesores de derecho se han pronunciado sobre tempranas falencias en el incipiente proceso de Duarte. Aunque son bastante respetables, me parece que son apresuradas. Apenas este lunes se desahogó la audiencia inicial en la que se llevó a cabo la formulación de imputación y este sábado el juez de control valorará todos los datos de prueba que aporte la fiscalía para determinar si vincula o no a proceso al ex mandatario veracruzano. Predecir a estas alturas un rotundo fracaso o augurar fallas en la parte acusadora, como gritando a los cuatro vientos que Duarte de Ochoa volverá a pitorrearse de las autoridades, es echarle más cerillos al incendio del hartazgo ciudadano. Como si el nuevo sistema de justicia penal necesitara más presión e incertidumbre.

A propósito, múltiples voces han externado la preocupación de que el ultra garantismo de este sistema sea el que libre a Duarte de pisar la cárcel. De inicio, creo que no ayuda a la formación de criterios la creencia de que la columna vertebral de este sistema, que es la protección a los Derechos Humanos, sea también una de sus aristas más endebles. El eje central de las sociedades modernas de occidente lo conforman los derechos fundamentales, no obstante, es un exceso sembrar y difundir la creencia de que ha sido un error volverlos también el centro de sus sistemas de justicia penal. Peor aún, tener la idea de que antes la impartición de justicia era más efectiva ya que no se velaba por la defensa de estos derechos. Que estos principios se cumplan no es responsabilidad exclusiva de los elementos de policía, requiere de la capacitación y voluntad de todos los demás agentes que intervienen durante el procedimiento. Ya se trabaja en el perfeccionamiento de este rubro, hay suficientes argumentos para confirmarlo y, en el caso que nos ocupa, hasta ahora todo se ha hecho correctamente.

Finalmente, la justicia no es una cuestión de mayorías. El desarrollo del proceso penal en contra de Javier Duarte, seguirá siendo inevitablemente un espectáculo mediático. Sobre esa línea, la Procuraduría General de la República tiene que desempeñarse con probidad y profesionalismo, pues en sus manos, no solo yace el deber de presentarle al juez de control datos precisos e indudables para que en su caso, el ex gobernador enfrente un juicio; también tiene la oportunidad de convencer poco a poco a los mexicanos de que la confianza en las instituciones y órganos de gobierno, es importante para el desarrollo y evolución de nuestra vida democrática. Sobre todo cuando las extradiciones de Tomás Yarrington y Tomás Borge están en lista de espera. Ahora sí: prudencia y paciencia… no nos queda de otra ■

*Puede consultar estos datos en la encuesta nacional "confianza en instituciones 2017" de Buendía y Laredo: http://buendiaylaredo.com/publicaciones/404/confianza_instituciones1.pdf