Política

Expediente 2017 ◗ El político automático

julio 20, 2017

La llegada meteórica y sorpresiva del contador Guillermo Moreno Chazzarini a la Secretaría de Finanzas y Planeación es una jugada de tres bandas: Una. Con todo, Clementina Guerrero, Tula, tenía (y tiene) su vida profesional independiente y autónoma. Su trayectoria académica en la Universidad Veracruzana le permite el desahogo económico de su vida y lo que la hace más autónoma. Así, nunca fue ni sería, digamos, una incondicional a ciegas y a secas del góber azul.

Por el contrario, Chazzarini lo es y será. Dos veces fue síndico del presidente municipal de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez. Trae, pues, el sello de casa. Será un empleado más del góber azul, y de ñapa, de su hijo, para manejar el presupuesto y los recursos federales y estatales, como asegura, por ejemplo, el diputado de la Comisión de Hacienda Sergio Rodríguez, a quien el Yunes azul denominara "el demócrata" de Veracruz, y quien, oh paradoja, tan demócrata que reveló que la llamada "operación licuadora" de Javier Duarte se había convertido en una trituradora yunista.

Y que le quitan la pelota, y de paso hasta lo amenazaron en el carril mediático de resucitar el caso del automóvil robado y sus francachelas, tipo He Man Sergio Hernández Hernández. A diferencia de Tula, quien era una testigo incómoda, Chazzarini será un aliado total y absoluto. Además, por otra circunstancia, y pasamos al punto número dos. Chazzarini es un técnico, pero también un político, y un político automático. Por aquí rinde protesta de un cargo público, incluso, privado, y está pensando en el puesto siguiente. Así ha sido toda su vida.

En la presidencia de la Canaco jarocha, por ejemplo, soñó con ser candidato priísta a la presidencia municipal, tiempo cuando Dante Delgado Rannauro era el gobernador del cuatrienio. Entonces utilizó al resto del equipo gerencial en la Canaco, movió sus teclas y traficó influencias y relaciones. Y le fajó al presidente del CDE del PRI, Jorge Uscanga Escobar. Pero en el camino hubo un cortocircuito con Dante Delgado por el manejo del WTC, y que desembocaran en la ruptura total del góber con la Canaco, a tal grado que uno de ellos, Carlos Saldaña, gente de Moreno Chazzarini, por poco termina en Pacho Viejo.

También salió mal de la Universidad Cristóbal Colón, donde con su jefe Jorge Remes Ripoll, un genio de las matemáticas y la política académica, llegaron a creerse más dueños que la Diócesis de Veracruz. Y salieron mal.

De pronto, zas, desapareció del escenario público (así era Joseph Fouché) y fue cuando siguió la enseñanza de su esposa, directora de la facultad de Contaduría de la Universidad Veracruzana. Y zas, que se saca la lotería. Dos veces síndico con Yunes Márquez. Y de la sindicatura en la segunda ocasión a la Contraloría y siete meses y medio después a Sefiplan. Político automático, mínimo está soñando y operando para la Secretaría General de Gobierno cuando Yunes Márquez sea candidato a gobernador de seis años y gane en las urnas. Desde luego se resignaría a repetir en la Sefiplan los seis años siguientes, con lo que establecería un récord Guinness. Pero mejor vayamos al punto número tres.

Yunes Márquez 2018

Tres. El segundo titular de Sefiplan en la yunicidad (Javier Duarte tuvo seis en menos de un sexenio, todos incondicionales) es una posición directa, directita, del presidente municipal de Boca del Río. Fue su síndico y lo ubicó, primero, en la Contraloría, y ahora, en el manejo de los recursos públicos, tanto estatales como federales y extraordinarios y adicionales. Ninguna duda tenga la mitad de la población de Veracruz y la otra mitad de que el objetivo político número uno del góber azul, razón de vida, es la candidatura del PAN (y si puede del PRD) a gobernador para el primogénito el año anterior y para eso el gobierno del estado a sus órdenes.

Ya de por sí, el bienio azul inició con dos posiciones claves para el alcalde boqueño: a) la Secretaría de Desarrollo Social con Pocahontas Índira Rosales para el manejo político de la seguridad social (hasta donde sea posible y creíble) y preparar el camino al hijo mayor de Yunes Linares para el año entrante. b) la Secretaría de Educación con Enrique Pérez Rodríguez, el famoso y polémico director de Prevención federal cuando la primera fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, y que aun cuando sea posición del padre, las versiones en el carril político es que desde la SEV opera la candidatura a gobernador del presidente municipal, de igual manera, digamos, y como Adolfo Mota Hernández soñó con el trono imperial y faraónico desde la SEV; c) la secretaría del CDE del PAN con un tal Carlos Valenzuela, al parecer regidor en el ayuntamiento de Boca del Río, gente de Yunes Márquez, y quien torpedea "a tiro por viaje" al presidente Pepe Mancha, quien de plano sueña con la candidatura al Senado para irse lo más lejos posible. Y d) la Secretaría de Finanzas ahora para Moreno Chazzarini.

Y es que ante la opinión pública, están cambiando, digamos, los actores políticos de la yunicidad, pero en el fondo, todo sigue igual. Más aún, el vaso comunicante es claro, preciso y lacónico: El aparato gubernamental, listo para ganar 2018 y exclamar la misma frase bíblica de José López Portillo del "orgullo de mi nepotismo".

Chazzarini, en la jugada. Nada fácil sería, por ejemplo, que ahora cuando hacia finales del mes de agosto, la rectora de la UV, Sara Ladrón de Guevara, sea reelegida, la esposa de Chazzarini sea nombrada, digamos, secretaria académica, o quizá en otro cargo paralelo, con la misma fuerza política y social.


Triunfalismo priísta de color azul

Dueño del mundo en que siempre se ha creído, el segundo titular de Sefiplan mostró su identidad a plenitud cuando fue síndico del ayuntamiento en el primer tiempo. Entonces, solía asistir en representación del ayuntamiento a las juntas estelares del SAS, el antiguo Sistema de Agua Potable y Saneamiento.

Y actuaba con soberbia y prepotencia, perdona-vidas, grosero, intolerante, como dice el psicólogo suelen actuar algunos genios que se pasan de tueste porque se creen inmortales. Tal es, incluso, la característica de muchos panistas, y más, mucho más, de los jóvenes que ascendieron al poder estatal en el bienio yunista.

Así, y por desgracia, actuaron siempre los muchachos de Fidel Herrera Beltrán y los compitas de Javier Duarte, entre otros Érick Lagos, Édgar Spinoso, Jorge Carvallo, Tarek Abdalá, Alberto Silva, Adolfo Mota y María Georgina Domínguez Colio.

Ahora, la mayoría enfrenta denuncias penales por desvío de recursos millonarios en el ejercicio del poder estatal que, ellos creyeron, pensaron y sintieron, era inacabable y durarían más tiempo en el poder, el suficiente para borrar de un plumazo los trastupijes de que ahora son acusados.

Y más cuando desde ahora la yunicidad anda en un triunfalismo priísta sin parangón, pues todos están seguros de que ganarán la elección de gobernador el año entrante para perpetuarse seis años más en el Poder Ejecutivo de Veracruz.