Política

Educación, el gran fracaso de Veracruz

julio 02, 2017

Creada como paliativo de coyuntura a la creciente demanda por mayores espacios para la educación superior que deja cada año a miles de jóvenes sin acceso a una formación profesional, la Universidad Popular Autónoma de Veracruz se ha convertido en un espejismo riesgoso para los poco más de 30 mil alumnos inscritos que de buena fe decidieron por un modelo educativo que ha sido calificado como un fraude por el propio titular de la SEP, Aurelio Nuño.

De origen, la intención parece buena y la idea de ampliar la matrícula educativa desde una iniciativa oficial resulta por sí misma atractiva, sin embargo, la sombra de la sospecha se refleja en la aproximación a la institución de las autoridades educativas del actual gobierno, pues como era de esperarse, las tinieblas del duartismo contaminaron a la institución y su destino se ve incierto e inviable de acuerdo con los lineamientos del Programa Estatal de Educación 2017-2018, que dicho sea de paso, presenta un recorte sustantivo presupuestal en un sector con cifras preocupantes que alcanzan toda la estructura educacional de Veracruz, desde el nivel básico.

De hecho, ni las alarmantes cifras del rezago educativo en educación media superior en el estado –en las que menos de 3 de cada 10 jóvenes que egresan del bachillerato logran continuar con su educación de nivel superior con un porcentaje de 29.4 por ciento por debajo de la media nacional– podrían representar algún indicio positivo para que la UPAV recibiera el apoyo gubernamental, pues, por el contrario, el programa estatal de educación considera apoyar a los jóvenes que no logren un lugar dentro de la Universidad Veracruzana con becas en escuelas particulares.

La estrategia gubernamental para enfrentar dicho problema le apuesta a ofertar espacios para que más jóvenes cursen la educación superior en instituciones locales y nacionales, a través de la firma de convenios de colaboración que tienen doble propósito: primero, gestionar becas para estudiantes y segundo, potenciar opciones formativas que para cursarlas no requieran del desplazamiento de alumnos a otras ciudades.

En ese diagnóstico en educación superior elaborado por el secretario del ramo, Enrique Pérez Rodríguez, no menciona en ninguna línea a la UPAV o los problemas que se están generando en dicha institución, como se da cuenta en información en la edición de hoy.

Sin embargo, el problema en Veracruz tiene una profunda raigambre que inicia con el rezago educativo histórico en cuanto al número de veracruzanos analfabetos y a los que reportan estudios truncos de los niveles primaria y secundaria que prácticamente permanecen inamovibles, y en algunos casos se han incrementado, desde la década de 1970.

Según la Encuesta Intercensal 2015 del Inegi, con periodos entre cada década de altas y bajas, en 1970 en el estado había 664 mil 288 analfabetos mayores de 15 años y en el 2015, se reportaron 562 mil 781 las personas que no saben leer ni escribir. Sin dejar de considerar el incremento de la población que en cinco décadas y media se ha triplicado, son igualmente preocupantes las cifras relativas los estudiantes con primaria inconclusa, pues en los setentas eran 920 mil 532, mientras que hace año y medio la cifra se estableció en 922 mil 382; es decir, en números relativos aumentó dicha estadística.

Sin embargo, los números se disparan con respecto a los veracruzanos que no han concluido sus estudios secundarios. Los 296 mil 833 que en 1970 habían abandonado la escuela se cuatriplicaron entre los periodos 2010 y 2015 pues en ambos lapsos, el Inegi encontró que fueron un millón 143 mil 490 y un millón 166 mil 779 respectivamente los jóvenes que por múltiples razones dejaron de asistir a clases en el nivel secundaria.

Algo sucedió en los periodos 2000, 2010 y 2015 en los que el rezago educativo sumó cifras alarmantes y que muy posiblemente tengan que ver con factores como la corrupción cometida con el dinero destinado a la educación, y la parálisis económica que traducida en ausencia de inversión pública para generar empleos, propició tanto la migración de jóvenes como el abandono de las aulas de miles de muchachos entre los 12 y 15 años de edad para subemplearse en cualquier actividad para aportar al gasto familiar, o en el peor de los escenarios, cayendo en manos de la delincuencia ante la falta de oportunidades. Es decir, según el Inegi, el rezago total en los tres casos mencionados alcanza el 44.5% en el año 2015, cifra alarmante si se contrasta con la reducción anunciada para el ejercicio 2017 por el gobierno actual, pues al ramo educativo se le quitarán 473 millones 107 mil 312 pesos con respecto al 2016, que fue de 2 mil 798 millones 984 mil 904 pesos, contra los 2 mil 325 millones 877 mil 592 pesos a ejercer en el 2017; es decir, la reducción al presupuesto educativo es de 16.90 por ciento.

Como en múltiples ocasiones se ha dicho, mientras el Estado no tenga a la educación como el eje de su política pública de inversión social, el futuro seguirá estando comprometido y cancelando las oportunidades a las nuevas generaciones que cada vez ven más lejanas sus oportunidades de superación.