Política

Responsabilidad Histórica

junio 06, 2017

¿Quién ganó las elecciones del pasado domingo 4 de junio en el Estado de México? Esta pregunta tiene muchas posibles respuestas; algunas vienen desde cierta lógica y otras no. Empero, una cosa parece cierta: no ganó el PRI; en todo caso, triunfó sobre manera la maquinaria de coacción del voto; la manipulación mental; el despilfarro de recursos, la desviación de los mismos y su procedencia dudosa; la guerra sucia; las mentiras; la violencia; la narcomaquinaria; el crimen organizado; la apatía, la indolencia; la corrupción; la abstinencia; el ego, el orgullo, los rencores, el miedo; el miedo al cambio, el miedo a todo o el miedo a nada; el separatismo… No ganó el PRI, en todo caso, arrasó, de forma magistral, la izquierda. Todavía más, la oposición. Y, si queremos ir más lejos, ganaron sus errores.

Es difícil enumerar con precisión todas las causas que hicieron que lo que se consolidó el domingo, haya ocurrido de esa manera; en cambio, parece inevitable ignorar esa sensación amarga que nos queda: pudo haberse evitado. Había todos los elementos no sólo para ganarle al PRI, sino para aplastarlo; para vencerlo de forma heroica de una vez por todas. Mas no se hizo porque no se quiso. Se dejó perder una batalla ganada. No es la primera vez que las grandes batallas humanas se pierden por el ego y la cerrazón; por la indiferencia a quienes realmente sufren.

Lo más grave, no obstante, ni siquiera es eso. Y es que en los partidos que estuvo la posibilidad de hacer un cambio verdadero y no se hizo recaen todas las consecuencias que a partir de este momento devengan. Es decir, que son responsables de todas las muertes, violaciones, robos, atracos, ataques, torturas, injurias, pobreza, enriquecimiento ilícito, etc., que continúen y aumenten en el Estado de México; y no sólo ahí, porque se hacen extensivos hacia el resto del país. ¿Ustedes creen que la gente que potencialmente será torturada, violada, dañada y asesinada en los próximos años tenía el tiempo para esperarlos a que resolvieran sus diferencias? Si así lo creen, son unos hipócritas e irresponsables.

Han tomado a la ligera la responsabilidad histórica que les tocó vivir. A mí, como ciudadana mexicana que exige un México mejor, le importa un carajo sus egos y rencores; me importa, todavía menos, cómo crean que se hacen las buenas relaciones entre partidos con miras a posibles y futuras alianzas; a mí, que he sido testigo del sufrimiento, me importa un carajo sus dimes y diretes; lo único que me importa es que los partidos políticos, todos o siquiera uno, representen de forma congruente la preocupación legítima por el futuro de este país; una preocupación que se ve con acciones concretas destinadas al beneficio de la gente y no hacia ellos mismos o hacia sus partidos: son ustedes los que se tienen que fajar las diferencias, porque su responsabilidad está con el pueblo y no con sus respectivas banderas. Sólo hay una bandera que importa, y en ésa hay un águila devorando a una serpiente sobre un nopal... Se han equivocado al pensar que su responsabilidad primaria está con sus partidos antes que con la gente.

Aprender a trabajar con la pluralidad es una virtud indispensable de un posible presidente de izquierda; por lo que si hoy no se puede lidiar con las diferencias internas entre los propios, no se podrá hacer con la pluralidad indiscutible que emana de este país... En ese sentido, le exijo a los partidos que se jactan de ser los verdaderos representantes del pueblo, asumir con humildad las consecuencias de sus actos; ver con realismo lo que sus acciones han provocado así como el alcance de las dimensiones de los mismos; y después, sin perder un segundo, enfocar toda la atención y los esfuerzos en lo único que importa: salvar a este país. Y sólo hay una manera de lograrlo: con la unión.